
Hace cuatro décadas, el presidente Mitterrand decidió hacer una maniobra ganadora. Entonces no se había popularizado lo del win win, pero era eso. Para poner palos en las ruedas de sus rivales en la derecha, eligió a un partido extremista que tenía un porcentaje de voto insignificante y le dio la oportunidad de darse a conocer a lo grande. Lo introdujo en programas de televisión de mucha audiencia y unos meses después, aquel partido residual e ignorado tuvo un resultado muy notable en unas elecciones europeas. Mitterrand podía frotarse las manos. ¡Win win! Qué idea más genial. Había un artefacto que le iba a quitar votos a la derecha tradicional y no le iba a quitar ni un voto a los socialistas. Aquel partido se llamaba Frente Nacional y su líder era Jean Marie Le Pen.
Con los años, aquella idea genial resultó que era pegarse un tiro en el pie. El partido extremista empezó a quitarle votos a la izquierda, mira tú por donde. ¡Adiós, win win! Porque la izquierda se negaba a tomar en serio problemas que preocupaban a muchos ciudadanos, problemas que resultaban de oleadas masivas de inmigración, problemas de seguridad, problemas de convivencia. La izquierda decía que esos problemas no existían y que el único problema era el racismo de los franceses. Así que la gente más afectada, que no era precisamente de la alta sociedad, empezó a dejar de votar a los partidos de izquierdas. Se puso a votar al partido que sí denunciaba esos problemas y decía tener soluciones, por drásticas, brutas o engañosas que fueran. Décadas después, tras lavados de imagen y cambio de nombre, aquel partido, liderado ya por la hija de Le Pen, gana las europeas con gran ventaja, puede ganar las legislativas y quizá también las presidenciales.
A nuestros aprendices de brujo socialistas les ha dado ahora por seguir la variante barata de la receta del sobrevalorado Mitterrand. Si el francés llevó a un Le Pen a la tele, Sánchez mete a un Luis Pérez, más conocido por Alvise, en todas sus declaraciones. Lo hizo varias veces antes de las elecciones europeas, con lo que dio a conocer a una candidatura que estaba fuera del radar. Sánchez la sacó de la ciudad subterránea de las redes y la puso en el escaparate en prime time. La primera noticia que tuvieron muchos españoles de la existencia de ese hombre y esta lista se la dio el presidente del Gobierno, reportero de primicias. Las encuestas de Tezanos ayudaron, que para eso están. Entre todos han conseguido el primer objetivo y no se habla de otra cosa, pero el que más habla de la cosa sigue siendo el presidente del Gobierno.
Sánchez no para de hablar de Pérez. Habla de Pérez en el Congreso. Habla de Pérez en las entrevistas. Habla de Pérez como figura de una internacional ultra "de tres cabezas", siempre tres mejor que dos. Sánchez está poniendo todo de su parte para que en España no haya nadie que no sepa que hay un Pérez, del que nada sabía, que es un líder ultra que ríete tú de Trump. En fin. Hay muchas cosas que no sabemos sobre esta agrupación electoral que han votado unas 800.000 personas, deseosas de que Pérez consiga el aforamiento y viva la noche bruselense. Pero sí sabemos quién es su mejor agente publicitario: el presidente del Gobierno de España.