
Cataluña despide a Marta I (Ferrusola) y recibe con "honores" a Marta II (Rovira) en un aquelarre cuidadosamente coreografiado para que parezca lo que no es. La secretaria general de ERC huida a Suiza hace seis años para eludir la acción de la justicia vuelve con la amnistía bajo el brazo, justo a tiempo de inflamar a las bases republicanas en vísperas de un nunca del todo seguro, pero altísimamente probable, pacto para investir presidente de la Generalitat al socialista Salvador Illa. Otra solución no hay si el partido de Macià y Companys no quiere desaparecer engullido por un adelanto electoral de consecuencias imprevisibles (harakiri rápido) o por su archienemigo Carles Puigdemont (harakiri más lento, pero harakiri).
El problema que van a tener es cómo se lo explican a la gente, a su propia gente. A la que hace mucho tiempo que mienten más que hablan. Cataluña no se va a independizar de España jamás (antes se rompe en pedazos, como ya se ha visto…) y todo lo que finalmente los independentistas pueden llegar a conseguir (financiación mejor o peor, qué más da, lo importante es que sea supersingular; simulacro de referéndum de autodeterminación, o promesa de que algún día ya veremos si se hace; barra libre para seguir alimentando desde las instituciones la guerra de lenguas, cuyo saldo más notorio es un pavoroso retroceso del uso del catalán en aquellos ámbitos donde ay, es más o menos voluntario…), resulta que todo eso se consigue más por aritmética que por épica. Por 7 + 7 votos mal contados y peor avenidos en las Cortes españolas. ¿Qué clase de separatismo es aquel que no es nada sin dar apoyo al gobierno del que dicen que se quieren separar?
Si muchos hipercatalanes se quejaban estos años de haber sido engañados por el tándem Jordi Pujol & Marta Ferrusola, qué se preparen ahora que viene Marta Rovira. La pretendida autoridad moral de gente que llama "exilio" a darse a la fuga después de montar cosas como el Tsunami Democràtic, que lo podrán llamar o no terrorismo, pero sigue siendo una barbaridad, ha quedado muy tocada después de trascender miserias como que salieron de la misma ERC los infames carteles vinculando a Ernest Maragall con el alzheimer de su hermano Pasqual. Que esto tampoco trasciende precisamente ahora porque sí. ¿En qué manos están y estamos?
Pista: el discurso de este tipo de políticos suele ser más agresivo cuanto más prestos y a punto están de pactar con quien más les convenga. Lo cual no significa, ni mucho menos, que su agresividad no sea real. Ni inocua. Igual que hay fanáticos del fútbol que reciclan las derrotas de su equipo en violencia doméstica o de cualquier otro tipo, haciendo pagar su frustración a quien menos culpa tiene, que se preparen los catalanes no separatistas. Se viene una nueva oleada de broncas, insultos e intentos de cancelación. Parecerá encima que lo peor ya ha pasado, que el procés ya no es para tanto. Pero el dolor crónico puede ser peor y más desesperante que el dolor agudo.
Los socialistas catalanes nos han prometido que tienen un plan para avanzar y recoser. Alberto Núñez Feijóo fue expresamente al Parlamento catalán para decir que el PP está por la labor de ser partícipe en la reconstrucción. Pues venga. Más ideas y menos parches. Desaparecido Ciudadanos en un marasmo de hipocresías e impotencias, con Vox que viendo estas barbas pelar haría bien en poner las suyas a remojar, queda quien queda para aprovechar esta oportunidad única.
Lo que está de verdad en juego es si se consigue o no se consigue jubilar de una vez por todas a la generación de ¿líderes? del procés. Si no se les puede o se les quiere mandar a la cárcel —que, piensen lo que piensen, nunca les hizo héroes, ni hizo feliz a nadie verles allí: era y es un enorme fracaso colectivo—, pues por lo menos y sin duda a su casa. Y que queden en pie los que quieran caminar todos juntos. Ahora es el momento. Es la primera vez en muchos años que se puede organizar Cataluña no en contra del resto de España, sino a favor. Para, por y con todos los catalanes que nunca hemos querido ser otra cosa que lo que de verdad somos. Y que tenemos derecho a algo mucho mejor que a cambiar el fuego por las brasas. La oscuridad de una Marta por otra.