
Begoña Gómez no declaró ante el juez siguiendo instrucciones de su abogado, Antonio Camacho, un exministro socialista que, a tenor de lo que vamos conociendo, no parece el más dotado para la estrategia en el muy exigente mundo del derecho penal. Claro, Camacho cuenta con la ventaja de que su clienta es la mujer del presidente del Gobierno y que su marido es capaz de poner los poderes del Estado a su servicio para allanar el terreno durante el trance que está viviendo como investigada pero, aún así, no parece que la decisión de negarse a aclarar las acusaciones que pesan sobre ella sea lo más oportuno para despejar todas las dudas y dar carpetazo a este feo asunto.
De hecho, Sánchez tendrá que comparecer ante el juez (más bien al revés, puesto que es el magistrado el que se presentará en su despacho de La Moncloa) precisamente por la falta de colaboración de su mujer cuando fue llamada a capítulo, un feo asunto que lo convierte en el segundo presidente del Gobierno en ejercicio que es llamado a declarar ante un tribunal. Justo detrás de Rajoy, con todo lo que eso implica para un rabioso izquierdista.
La fiscalía rechaza la comparecencia de Pedro Sánchez como testigo con el argumento de que no puede aportar información sobre los hechos que se están enjuiciando. Hombre, alguna sí. El presidente estuvo en, al menos, dos reuniones en La Moncloa con el socio de su esposa, Carlos Barrabés, cuando se estaba gestando la creación de la cátedra de la Universidad Complutense. El empresario explicaba involuntariamente su modelo de negocio en una entrevista en la que decía cosas como las siguientes:
Tú te arrimas a los líderes y lideresas que saben ir (sic). Y que construyen mientras hacen el camino contigo, porque es un hueco que existe.
En efecto, he ahí un nicho de mercado sin cubrir que este emprendedor decidió ocupar arrimándose a Begoña Gómez, la lideresa indocta que, cuando ha tenido que explicar qué narices pretendía enseñar en su Máster decía unas cositas a las que ya nos referiremos en su día. La conversación de estos dos con Sánchez, la tercera pata del banco, tuvo que ser apasionante.
Pedro no lo explicará (bueno es él para sus cosas), pero estamos ante un caso de éxito empresarial incuestionable. El socialismo, cuando ejerce el poder, crea todo un ecosistema de intereses cruzados que, bien utilizado, puede desencadenar sinergias muy productivas. Volvamos a Barrabés:
La clave (…) es tener un modelo propio para el mundo que viene. Y construirlo, forjarlo es labor de comunidades, labor de redes y labor de tejedores de redes, que es algo fundamental.
¡Y tanto que lo es! La que ha tejido él con Begoña es un modelo para el nuevo socialismo, un sistema político basado en las consignas vacías de la matraca progre, que te convierte en multimillonario si te sabes arrimar a líder apropiado. Emprendedores, tomad lápiz y papel.