
Sería de risa si no fuera muy serio. Resulta que ERC, para apoyar la petición del concierto vasco para Cataluña o, en su defecto, de un modelo de financiación catalana lo más "singular" posible, hace públicas sus cifras de qué comunidades aportaron más y recibieron menos en 2022. Y les sale que Cataluña fue ese año la tercera en aportar y la décima en recibir. Pero obvian el detalle de que la Comunidad de Madrid fue la primera de todas en aportar y recibió todavía menos, cayendo a la undécima posición. Entonces surge la pregunta lógica: si Madrid tendría más motivos que Cataluña para reclamar el concierto, ¿por qué Isabel Díaz Ayuso no lo hace? No será porque la actual presidenta madrileña sea tímida...
Repasemos: en España hay un régimen de financiación autonómica general al que están sujetas todas las comunidades menos un par. La situación de privilegio de Euskadi y Navarra no la denuncia casi nadie porque a ver quién es el guapo que se arriesga a un rapapolvo electoral en esos territorios. Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da, no se quita.
Objetivamente hablando, el sistema de financiación autonómica es muy mejorable. Que se lo pregunten a la Comunidad Valenciana (también gobernada por el PP), que es la Cenicienta absoluta del sistema. Entonces, ¿por qué cuesta tanto racionalizarlo? ¿Por qué pasan los años y el tema sigue enquistado como el viejo Consejo General del Poder Judicial?
Depende de con quién hables. Una de las explicaciones al uso es que el Estado se reserva la parte del león de los ingresos, del déficit, del poder efectivo sobre los tributos, y a las CCAA les chuta gasto, gasto y más gasto. No olvidemos que vivimos en un país masivamente y electoralmente endeudado.
Si esto se pudiera negociar serenamente, hace tiempo que se habrían revisado muchas cosas. Ejemplo: los dolores de parto que costó actualizar los criterios de población real. Quien esto firma asistió en Madrid, hace años, a un curioso coloquio entre dos presidentes autonómicos socialistas (el catalán Pasqual Maragall y el extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra). Alegaba Maragall que no tenía sentido seguir regando Extremadura como si estuviera llena de gente que, en la práctica, había emigrado hacía tiempo. Diplomático él, eludió concretar a dónde. No hizo falta porque ya lo concretó Ibarra con todo su desparpajo: "No te acepto el principio de repartir por población, porque mi población ahora la tienes tú". ¡Acabáramos!
¿Creo yo que Cataluña está mal financiada? Pues, con franqueza: sí. Y Salvador Illa también. Sea presidente de la Generalitat ahora o después de la enésima y kafkiana repetición electoral, seguro que es el primer interesado en tener una caja saneada. Seguro que otro tanto puede decirse de los muchos presidentes autonómicos del PP que tienen el mismo problema, insisto, empezando por los de Madrid y Valencia.
Entonces, qué ocurre. Pues que esto es el ejército de Pancho Villa. Los separatistas se pirran por la bilateralidad. Por disfrazar quedadas de Pedro Sánchez con presidentes autonómicos de "visitas de Estado". Les parece que sentarse a negociar en pie de igualdad con todo el resto de Comunidades es de pobres, de pringados y, peor aún, de españoles. Aplican la política del "dejadme solo", y así les, nos, va.
En el peor de los casos no consiguen nada, o casi nada, aunque hagan malabarismos con el lenguaje y parezca que sí. Tarde o temprano nos acabamos enterando de que Jordi Pujol arrancó un montón de competencias infrafinanciadas ("dadle los Mossos, pero sin un duro"…), o, peor aún, que esos pomposos pactos financieros que han justificado investiduras luego sencillamente se incumplen, y ya está. Y el burlado calla como una meretriz por no reconocer que le han tomado el pelo y/o que gobierna con los pies. Para salir del paso nos suben los impuestos propios, nos bajan los servicios, nos endeudan a todos un poco más, y hala.
En el mejor de los casos, Cataluña ha sido la liebre que ha conseguido mejoras de la financiación a la que luego se apuntan raudas otras comunidades. Era un clásico que cuando Pujol pedía algo, todos los demás también. Así fuera la gestión de los puertos en autonomías que no tienen mar.
¿A cuál de los dos escenarios nos dirigimos ahora? Veremos. Yo apostaría a que habrá un tácito consenso para mejorar la financiación catalana no tanto porque los separatistas lo exijan como porque, insisto, esa mejor financiación la gestionará un presidente de la Generalitat socialista, porque el PP no querrá oponerse de manera demasiado taxativa —no sea que se malogren esos pactos de futuro con Junts con los que sueña Feijóo…—y porque muchos de sus propios territorios aprovecharán para ponerse a la cola.
Lo harán más calladamente, más inteligentemente, sin asociar eso a ninguna agenda separatista. Y por eso mismo pueden acabar consiguiendo más. Ibarra no coqueteaba con el separatismo, Maragall sí. El primero tenía las arcas llenas y el segundo vacías.
Conclusión: el separatismo es un vicio caro que acaba arruinando a toda la familia. Porque la defensa de un buen interés general es la manera más sabia de defender también los intereses particulares… perdón, singulares. Todo lo demás es estelada y miseria.