
"La derecha no volverá a gobernar", advirtió Pablo Iglesias desde su sillón en el banco azul del Congreso en junio de 2020. Lo repetiría en septiembre. Esas palabras hoy son hechos del presidente Sánchez. La ley de amnistía fue el preludio que aseguró los apoyos políticos necesarios para avanzar hacia un modelo confederal, que no federal. El pacto con ERC, que incluye un compromiso de consulta (Acuerdo de Claridad lo llaman), es un paso más en la dirección de un cambio de régimen, en el que un nuevo frente popular intentaría hacer inviable la alternancia política.
Al igual que sucede en Venezuela, donde la "derecha" (que son todos los que se oponen al chavismo, incluido el Partido Comunista) no puede ganar. "Habrá —ya lo hay— un derramamiento de sangre", amenazó Maduro. Borrell, en nombre de la UE, lamenta las detenciones, ni una palabra sobre los asesinatos.
El presidente del Gobierno desprecia al juez Peinado. No reconoce su autoridad. Convoca a la Abogacía del Estado (¿de quién depende? Pues eso) para que le ponga una querella por prevaricación. La firma una tal Zaida Fernández, que lo mismo defiende a Sánchez, que se emplea contra el novio de Isabel Díaz Ayuso. Una abogada multiusos al servicio del régimen. El presidente hace pucheros porque se han "atropellado sus derechos" y quiere defender "la dignidad de la institución de la Presidencia del Gobierno". ¿En que afecta a la dignidad de esa institución, que Sánchez confunde con su persona, responder a las preguntas de un juez de instrucción?
Compareció en La Moncloa —el pasado 31 de julio— para acusar a la oposición de frustración e impotencia. Afirmó que, al carecer de un proyecto político, el PP (que no está personado en el caso) sería el responsable en la sombra de la conspiración contra él y su familia. "La derecha intenta atropellar la democracia". Sánchez acusa a medios de comunicación, empresarios y jueces de ahondar en la polarización política. Sus plumillas lo digieren y regurgitan para disfrute de lelos y vividores.
Son mensajes con patente podemita que el presidente ha hecho suyos. El mismo discurso que repite el tirano Maduro para negarse a publicar las actas electorales que certificarían su derrota: "Estamos ante un golpe de Estado fraguado por estos actores fascistas. La operación la dirigen los sicarios de la mentira, la agencia EFE de España, la agencia AFP, la agencia AP, CNN". No falta el imperialismo y los agentes desestabilizadores entrenados en Texas.
En ambos casos, el tirano y el aprendiz de autócrata, tildan de fascistas o ultraderechistas a quienes les critican. Ellos son las víctimas, los muros que defienden la democracia y el progreso frente a la reacción. Los discursos de Sánchez y de Maduro son muy simples y eficaces. Munición para los sectarios. Esos que en una confrontación política no tendrían inconveniente en llevarte por delante: todo el que va contra mí, va contra el pueblo. "Oiga, pero el juez le va a preguntar sobre las actividades de su señora". Es el ataque a mi dignidad lanzado por una derecha impotente, responde. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar en una situación de tensión social y política?
En Venezuela marcan el camino. "Con el fascismo no se pueden tener contemplaciones. Edmundo González Urrutia debe ir preso porque él es el jefe de la conspiración fascista que están intentando imponer", amenazaba el pasado 30 de julio un energúmeno llamado Jorge Rodríguez, que preside la Asamblea bolivariana. El eurodiputado del PCE Manu Pineda pide cárcel: "Si la señora María Corina Machado estuviera en España, si estuviera en Europa, no estaría inhabilitada, estaría en la cárcel por delincuente".
El tirano Maduro alerta de "un complot global" que busca sacarlo de la Presidencia. Al igual que Sánchez, se niega a responder. Bloquea la publicación de las actas electorales y exige al Tribunal Supremo de Justicia —cuya presidenta se declaró militante chavista— que zanje la disputa. Amenaza a la resistencia democrática (en las tiranías no hay opositores, hay resistentes que pagan con su libertad y su vida): "Tenemos más de 1.200 capturados y estamos buscando a 1.000 más y los vamos a agarrar a toditos. Estoy preparando dos cárceles que debo tener listas en 15 días".
El tirano y sus secuaces (Zapatero, la UGT que le apoya y abre sus puertas) no contaron con la previsión y la capacidad de organización de María Corina Machado. Miles de voluntarios recopilaron la actas de escrutinio y un eficaz sistema de procesamiento permitió ofrecer a la opinión pública internacional datos solventes. Digitalizaron 24.532 (el 81,7% del total de actas) y el resultado es inapelable. Edmundo González gana por una diferencia de 37 puntos y cuatro millones de votos. Este trabajo ha puesto al régimen bolivariano contra las cuerdas de la opinión pública internacional. Kiko Llaneras, un doctor en ingeniería especialista en análisis de datos, publicó en su cuenta de X un detallado estudio con su conclusión: los datos de la oposición son más creíbles. Ha presentado más detalles. Se exponen a la verificación y ganan credibilidad. El Centro Carter, que fue invitado por la Consejo Nacional Electoral y esperó a salir de Venezuela para emitir su comunicado, es concluyente: "No puede verificar o corroborar la autenticidad de los resultados de la elección presidencial declarados por el CNE de Venezuela. El hecho de que la autoridad electoral no haya anunciado resultados desglosados por mesa electoral constituye una grave violación de los principios electorales".
🇻🇪 Resultados en Venezuela según la oposición: por Estado, parroquia y mesa.
La oposición difundió anteayer una base de datos con el conteo de 24.532 mesas. Aseguran que la información sale de 24.532 actas en su poder, escaneadas y publicadas en web.
La hemos analizado 👇 pic.twitter.com/Gk8VBoclGZ
— Kiko Llaneras (@kikollan) August 4, 2024
Como dice un buen amigo venezolano, de los miles exiliados en España: "Maduro, si tu cantaste bingo, muestra el cartón".