
Sánchez y su gobierno llevan meses insultando a los jueces y amenazando a los medios de comunicación que investigan las presuntas corruptelas del círculo de su esposa. El argumento, repetido a diario por los periodistas de ronzal, es que Begoña Gómez ha actuado con la exquisita neutralidad que se exige a la mujer del primer dirigente político de la Administración Pública española. En su virtud, el proceso abierto en un juzgado solo respondería a la corrupción intelectual de un juez contaminado por la ultraderecha, que la maquinaria del fango montada por tabloides y confidenciales estaría agitando para deslegitimar al Gobierno y pervertir nuestra democracia. Bien, siendo esto así, la pregunta cae por su peso: ¿Por qué no explica Pedro Sánchez en qué mienten los medios y qué es lo que hizo, o no hizo, su mujer al frente de la cátedra exprés montada por la Complutense?
Los cinco días que dedicó a reflexionar sobre el alcance de esta ofensiva antisanchista los podría haber empleado en redactar un informe completo, que despejara todas las dudas que existen sobre los negocios organizados en torno a la cátedra de Begoña. También podría haber aportado información incontestable para demostrar que las empresas que financiaron el chiringuito académico de su mujer jamás recibieron un trato de favor en las licitaciones públicas de los distintos ministerios de su Gobierno. De haber hecho algo así las dudas se habrían disipado y el caso habría recibido un sonoro carpetazo. Sin embargo, Sánchez no solo no aclara nada, sino que, cuando es llamado a testificar, se niega a prestar testimonio para no perjudicar la estrategia procesal de su mujer. Ahí murió toda su disposición a colaborar con la Justicia.
Ya puestos, Sánchez se podría haber hecho "un Rajoy" y haberse referido a "esa señora de la que usted me habla" en referencia a Begoña Gómez, como hizo en su día el presidente popular con Bárcenas, el tesorero durante décadas de su partido. Las últimas imágenes ofrecidas por el equipo de comunicación de la presidencia del Gobierno nos presentan a una pareja que va al cine, con él caminando un par de metros delante de ella y sin el menor gesto cómplice que resulta tan habitual en los matrimonios. Mala cama tiene el perro. Parece que aún no ha llegado el momento procesal de sacudirse cualquier responsabilidad en los oscuros enjuagues de la pintoresca catedrática de la Complutense, pero todo se andará. Hablamos de Sánchez, recordemos, así que conviene no poner líneas rojas para no quedar en evidencia en cuestión de unos días.
¿Begoña? No conozco a nadie con ese nombre, mireusté.