
En uso de su libertad individual, dos personas mayores de edad (él, un político famoso de 40 años; ella, una actriz de 35 en plena lucha por la notoriedad profesional) llevan ya un año flirteando en Instagram. Un día, deciden citarse en persona. El encuentro empezará tras el mediodía y concluirá de madrugada. Así, la velada termina con la pareja dirigiéndose a solas hacia el interior del domicilio particular del político famoso. Por el medio, ha habido algunas aproximaciones de contenido sexual, siempre por parte de él, que ella ha obviado frenar en seco por la sencilla vía de dejar plantado a su acompañante, el político famoso, y volver a casa en un taxi, donde su hija yace con fiebre alta.
Aquel primer encuentro (se desconoce si hubo otros) se produjo hace mucho tiempo, unos tres años. Por lo demás, existen rastros informáticos de que la actriz, entonces anónima y hoy también popular gracias a la cita, interactuó de modo jocoso en Twitter con el hombre célebre varios meses después de los hechos. Ciertamente, no parecía muy afectada. Huelga decir que por aquel entonces la actriz se abstuvo de interponer denuncia alguna ante la Justicia. Siguiente escena. Una conocida profesional del circo de las tertulias televisivas y el periodismo espectáculo, Cristina Fallarás, lanza imprecisas insinuaciones de acoso sexual, sin aportar prueba alguna y basadas solo en supuestas fuentes anónimas, que se dirigen de modo inequívoco contra ese mismo político. A partir de ahí, la marabunta.
Decenas de políticos y periodistas, empezando por Pablo Iglesias, aseguran ahora que "se sabía desde hace años". ¿Qué es lo que se sabía? Ah, misterio. No lo concretan. ¿Sabían desde hace años lo de la actriz todos esos Savonarolas y Torquemadas de medio pelo, los que ahora quieren sorber rentabilidad del cadáver de Errejón ofreciendo más carnaza a la plebe? Y si ya lo sabían todos, ¿por qué callaron? Tenemos la derecha más idiota del mundo. Se pasan la vida hablando de la batalla cultural y cuando surge un caso de libro para poder lanzarse a darla, se suman a la jauría progre y woke con el rabo entre las piernas.
