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La tragedia de Valencia en la Unión Europea

Sánchez rehusó ponerse al frente de la tragedia de Valencia. Este hecho, todo un Acontecimiento, es lo que que está valorando la Comisión que debe nombrar Comisaria a Teresa Ribera.

Sánchez rehusó ponerse al frente de la tragedia de Valencia. Este hecho, todo un Acontecimiento, es lo que que está valorando la Comisión que debe nombrar Comisaria a Teresa Ribera.
La vicepresidente, aspirante a la Comisión Europea, Teresa Ribera. | EFE

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, es conocido mundialmente por no haber prestado a los habitantes Valencia el auxilio necesario ni con la urgencia que exigían las circunstancias. Es el principal responsable de la penosa gestión de una catástrofe provocada por la gota fría. Nadie con un poco sentido común duda sobre el asunto. Todo está resumido en su frase: "Si necesitan ayuda, pídanla". "Mientras yo observo tranquilamente, desde mi palacio de La Moncloa" —le faltó decir—, "cuáles son sus límites y torpezas para resolver el asunto. Sus ineptitudes para salvar vidas humanas, serán utilizadas para mis próximas victorias electorales". Esto requiere comentario. Cuando un jefe de Gobierno se inhibe, o peor, no se pone al mando de una catástrofe de esta naturaleza, es juzgado moral y políticamente como alguien poco de fiar. Un ser despreciable.

Menos mal que merced a esta terrible tragedia, quien no supiera bien quién es este personaje y quiénes son sus aliados para destrozar los mecanismos básicos de un Estado-Nacional, ha podido enterarse perfectamente del mal que este hombre está haciendo a España y Europa. Quien no quiera profundizar sobre las perversidades cometidas por el gobierno sanchista, es porque es un majadero o está a su servicio. En la UE, en el mundo entero, ha habido muchos programas de televisión, informaciones de prensa e investigaciones sesudas que han puesto sobre la mesa las miserias del Ejecutivo de Sánchez para predecir y gestionar la tragedia. Son cientos los relatos que nos cuentan las ineptitudes, o peor, la falta de voluntad política del gobierno de Sánchez para llevar a cabo obras de infraestructuras en Valencia que pudieran haber mitigado el desastre.

Sí, hay por todas partes mucha información, datos y más datos sobre las responsabilidades de Sánchez que dejan claro qué representa su gobierno en la Unión Europea. Todo es público, e incluso se ha discutido, en el propio parlamento de la Unión Europea, su responsabilidad en la gestión de la catástrofe. El examen a la candidata de Sánchez, Teresa Ribera, para optar al puesto de Comisaria ha hecho temblar no sólo a España, sino a toda la Unión. Nadie se llame, pues, a engaño sobre qué está pasando. Dicho en corto y por derecho, y al margen de los enjuagues que se lleven a cabo dentro del Grupo Popular de la UE, nadie en el mundo democrático confía en Sánchez . He ahí el hecho sobresaliente e inolvidable sobre la catástrofe de Valencia. Al lado de ese hecho comprobable por cualquier persona sin mala fe, el resto de discusiones sobre la tragedia de Valencia es un asunto menor, aunque tengan mucha importancia para el futuro de España y la Unión Europea.

Podemos escandalizarnos, naturalmente, por las torpezas del PP, especialmente por las limitaciones políticas del presidente de la Comunidad de Valencia, y por las maldades de los socios del propio Sánchez, pero todo eso carece importancia al lado de la terrible irresponsabilidad de Sánchez, de su dejación de funciones, en fin, de no querer ejercer como presidente del Gobierno en una situación de catástrofe nacional. Todo es, en efecto, menor al lado del hecho histórico de que un Presidente del Gobierno rehusa ejercer su principal función: ponerse al mando del gobierno para atajar la catástrofe más grande de su mandato. Uno puede defender el relativismo histórico hasta el punto de poner en cuestión que una parte del progreso de Valencia depende del desvío del Río Turia. Uno puede ser partidario de una teoría según la cual ningún relato histórico es capaz de reproducir con fidelidad, con ajustada y apurada fidelidad, lo hechos del pasado por diversas y justas razones. En fin, uno puede incluso apuntarse al relativismo extremo de que cada testigo cuenta de modo diferente el crimen que acaban de ver. Todo eso puede ser cierto, pero nadie, aunque pasen los siglos, cuestionará que Sánchez rehusó ponerse al frente de la tragedia de Valencia. Ese hecho es incuestionable. Este hecho, todo un Acontecimiento, es lo que que está valorando la Comisión que debe nombrar Comisaria a Teresa Ribera. Sí, de la valoración de ese hecho, depende en buena medida el futuro de Europa. Si no la nombran, malo; pero si la nombran, la cosa puede ser peor. ¡Es uno de los peligros que lleva aparejado la defensa del relativismo histórico!

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