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Por qué Podemos debería ser el socio que pide Feijóo para una moción de censura, pero no lo será

Todo el mundo mira al PNV, pero quizá el partido que ahora apoya a Sánchez y que más rentabilidad obtendría apoyando una moción de censura es Podemos.

Todo el mundo mira al PNV, pero quizá el partido que ahora apoya a Sánchez y que más rentabilidad obtendría apoyando una moción de censura es Podemos.
La líder de Podemos, Ione Belarra, durante una sesión de control al Gobierno en el Congreso. EFE/ Fernando Villar | EFE/ Fernando Villar

Este jueves tuvo lugar uno de los episodios más insólitos de la historia de nuestra democracia: la impresionante declaración de Víctor de Aldama ante el juez, que elevó varios escalones el nivel de la corrupción en el Gobierno de Sánchez e implicó al líder del PSOE, a dos vicepresidentas, a varios de sus ministros y a otros altos cargos socialistas.

Tras la estelar aparición judicial del que hasta no hace tanto era hombre de negocios de confianza del PSOE y nada más y nada menos que Medalla al Mérito de la Guardia Civil según Marlaska, Alberto Núñez Feijóo compareció ante los medios, señaló que lo revelado por Aldama es "muy preocupante", habló de "caso Sánchez" y dijo que "el gobierno apesta a corrupción".

Finalmente, el popular se propuso a sí mismo como la solución a la "podredumbre" que significa el Gobierno de Sánchez, en un llamamiento que revelaba cierta impotencia: "Es evidente que yo no tengo los votos para cambiar el Gobierno pero si alguno de los socios quiere acabar con todo esto, que sepa que estoy a disposición para abrir una nueva etapa en nuestro país".

¿Le importa al PNV la corrupción?

Lo cierto es que el llamamiento de Feijóo tiene muy pocos visos de tener éxito. Todo el mundo lo interpretó como un guiño al PNV, un partido que era capaz de pactar con los populares no hace tanto, pero que ahora, presionado desde la izquierda por el crecimiento de Bildu en el País Vasco, no parece dispuesto a asumir el coste que podría tener pactar con la derecha española.

Y eso que según algunos sería un buen momento para romper son Sánchez: la reforma fiscal aprobada esta semana ha sido la causa de un enfrentamiento duro con los socialistas, es una política que a priori no les interesa y buena parte del tejido empresarial vasco, y singularmente un gigante como Repsol, sí vería con muy buenos ojos esa ruptura y que se abriese un periodo de mayor sensatez económica.

Sin embargo, lo más probable es que los peneuvistas valoren más que el riesgo que corren de que Bildu use un apoyo al PP como palanca electoral en su contra y que, por otro lado, tampoco parece que sus votantes estén muy preocupados por la corrupción del gobierno español.

¿Una gran oportunidad para Podemos?

Pero hay un partido que sí podría apoyar una moción de censura del PP y, probablemente, no verse perjudicado por ello sino, al contrario, tener un éxito notable en unas hipotéticas elecciones. Y no es, precisamente, de la derecha nacionalista: se trata de Podemos.

Es un momento casi perfecto para ellos: Sumar está en plena desbandada entre la absoluta falta de liderazgo de Yolanda Díaz y el escándalo de Errejón, que ya parece olvidado pero sería una herramienta temible en una campaña electoral. El partido está sin rumbo, sin dirección y se ve también perjudicado por su falta de reacción a la corrupción socialista. En suma, su papel en unas elecciones podría ser grotesco. De hecho: lo fue en las últimas europeas en las que se quedó bastante por debajo del 5%. Es el momento de darle jaque mate a su líder, la todavía vicepresidenta y ministra de trabajo.

Y del otro lado, con las revelaciones de Aldama, Ábalos en el Supremo y Begoña Gómez y David Sánchez imputados el PSOE también es un blanco fácil para un partido que se presente como la verdadera izquierda, más radical todavía que Pedro Sánchez y sin esas feas costumbres de corromperse tan propias de la derecha. Conviene recordar que no hace tanto que los Iglesias se presentaban como el azote de la casta corrupta y aquello les funcionó bien, ahora la inmensa corrupción socialista les allana el camino para algo parecido.

Desde luego, el viejo sueño de superar al PSOE acariciado por Pablo Iglesias en su momento es hoy más imposible todavía de lo que ya era entonces, pero el siguiente de la lista, Sumar, si podría caer si los morados saben jugar sus cartas: un pacto basado en la higiene democrática ante la escandalosa corrupción y que se basase en unas elecciones rápidas que diesen voz a los españoles. A partir de ahí, la campaña contra la casta corrupta que les haga presentarse como la única izquierda limpia y ser así perdonados.

Soy consciente de que no es un empeño fácil y de que la maquinaria mediática en su contra sería temible, pero aun así me parece más que probable que consiguiesen eliminar a su verdadero enemigo político, que en este momento no es desde luego el PP y tampoco el PSOE: es Sumar.

Y con ello lograrían algo tan fundamental como su propia supervivencia, que no está precisamente asegurada en este momento. Baste recordar que hace tan sólo nueve años, allá por 2015, Podemos tenía 42 diputados –más otros 27 de sus aliados por aquel entonces– y ahora tiene cuatro.

No se atreverán

Sin embargo, lo cierto es que es casi imposible que Podemos se atreva a dar un paso así. Por dos razones: la primera el sectarismo atroz que es incapaz de saltarse el marco de derechas e izquierdas incluso ante la izquierda más corrupta –Pedro Sánchez– y más estúpida –Yolanda Díaz– de Europa. La segunda: la falta de coraje del partido. Los podemitas llevan tiempo anticipando una ruptura con el Gobierno de coalición, sus peroratas parlamentarias son más duras cada semana y el propio Pablo Iglesias explicaba tras las elecciones en Estados Unidos que eso de apoyar al menos malo para que no llegue la derecha "no funciona".

Pero a la hora de la verdad no se atreven: lo hemos visto esta misma semana con la votación del paquete fiscal que podrían haber tumbado y finalmente han aprobado sin que en realidad Sánchez les haya dado nada a cambio. Belarra y los suyos se muestran muy gallitos frente a la prensa y muy sumisos en unas negociaciones en las que el Bolaños en más baja forma les mete goles por la escuadra.

Algunos aún recordamos a aquel Iglesias que reivindicaba la "política con agallas" e incluso aquel que presumía de "salir a pegar a los fachas". Ahora, quizá porque ya no dirige formalmente el partido, quizá porque perdió la fuerza al cortarse la coleta, quizá porque Belarra y Montero dan para lo que dan, ningunas agallas y no demasiada política.

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