
Quien piense que el presidente español está solo en Europa en sus empeños censores, se equivoca. La pulsión que late en proyectos como su Plan de Acción por la Democracia, que abre la puerta a la censura, la cancelación y la prohibición de aquello que la autoridad competente, como antes se decía, no considere adecuado, es tendencia en el continente. Aquello que empezó con la idea de evitar las injerencias de la Rusia de Putin, por otra parte, ciertas, está desembocando en una interferencia en la libertad de expresión y de opinión que no vacila, incluso, a la hora de cancelar elecciones. En Rumanía se han anulado en base a que una infiltración rusa en TikTok provocó desinformación en los votantes. Aunque la infiltración haya existido, resulta chocante, como escribe el periodista Wolfgang Münchau, que "unas elecciones se anulen porque alguien ha contado mentiras en TikTok".
La UE ha apoyado la anulación y ha sentado un precedente. Quien fuera hasta hace poco comisario europeo, Thierry Breton, de un partido de derechas, lo ha dicho con radiante claridad en un canal francés: "Lo hemos hecho en Rumanía y obviamente lo haremos en Alemania si es necesario". Puede que lo que ocurra en Rumanía les quede algo lejos a los europeos occidentales, pero ¿y si anulan las elecciones en Alemania porque no sale lo que "debe" salir? Las elecciones son a finales de febrero. La bestia negra es el partido Alternativa para Alemania (AFD). La conversación que tuvo Elon Musk con la líder del partido, Alice Weidel, en la red social X, causó conmoción en la política y los medios del país. Que Musk pidiera el voto para la AFD originó un seísmo y dio lugar a acusaciones de injerencia y de violar las normas constitucionales o por lo menos las electorales. Se ha puesto en la picota al periódico Die Welt por publicarle a Musk un artículo. El cordón sanitario no se pone sólo a la hora de formar gobiernos; esteriliza el debate político y el intercambio de ideas.
El enemigo ya no se sabe bien quién es. ¿Es Rusia, como se decía después de la invasión de Ucrania? ¿Es el populismo, como se dijo hace una década? ¿Es la extrema derecha, como se dice ahora? ¿Es la "internacional reaccionaria" que ha puesto Macron en los titulares? ¿Son todos y están todos mezclados? Un fantasma recorre Europa, como decía el famoso Manifiesto, cuyas primeras líneas sirven para describir hoy el estado de histeria en ciertos países. A mediados del XIX aquel espectro tenía un nombre, pero ahora tiene muchos, es un mutante. Aunque el problema no es definir al enemigo. El problema es aquello que se está haciendo contra ese "reaccionario" enemigo y que no sirve para quitarle apoyo popular, pero sirve para quitar democracia.
A fin de combatir a un multifacético monstruo que abduce, no saben por qué, a unos votantes que presuponen tontos, hay democracias europeas que están dispuestas a hacer lo mismo que hacen las dictaduras: prohibir, censurar, cancelar y anular elecciones (elecciones que no son fraudulentas, como no lo fueron las de Rumanía). Hacen lo que hacen las dictaduras, pero en nombre de la democracia. Lo hacen, dicen, para proteger a la democracia. ¿Cómo vas a proteger a la democracia liquidando elementos esenciales de la democracia? La gran paradoja es que las acciones destinadas a proteger a la democracia de la amenaza reaccionaria están suponiendo ya una amenaza para la democracia. Sopla un viento gélido en Europa y no viene de Siberia.