Sánchez y los fiscales que protestan contra el sanchismo
La estampa de jueces y fiscales a las puertas de los juzgados son bastante más que indiciarias sobre el galopante deterioro de la democracia en España desde que gobierna Pedro Sánchez.
Como Pedro Sánchez está poco dotado para los matices es capaz de proferir frases tan imprecisas como la de que "este Gobierno, entre fiscales que persiguen a delincuentes y delincuentes, siempre estará con los fiscales que persiguen a esos delincuentes". El presidente del Gobierno desprecia por completo la presunción de inocencia de los demás. Él sentencia quién es y quién no es un delincuente. Y no sólo eso, puesto que por el mismo precio ignora que la persecución del delito no justifica la comisión de otros delitos como la revelación de secretos o la destrucción de pruebas. Su fiscal general, Álvaro García Ortiz, le podría ilustrar al respecto de primera mano.
Pero es que además suelta semejante fanfarronada sin fundamento el mismo día que jueces y fiscales de la mayoría de las asociaciones han llevado a cabo una huelga de diez minutos para protestar contra las tropelías del Gobierno. Hasta ha tenido que salir la presidenta del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Isabel Perelló, a pedir que cesen los ataques de miembros del Ejecutivo contra el magistrado del Tribunal Supremo que ha investigado al fiscal general. Por no hablar del resto de jueces interesados en asuntos que afectan a Sánchez, señalados, hostigados y vilipendiados sin recato alguno.
La estampa de jueces y fiscales a las puertas de los juzgados en protesta contra los planes de este Gobierno para desarmar el Poder Judicial son bastante más que indiciarias sobre el galopante deterioro de la democracia en España desde que gobierna Pedro Sánchez. Los jueces independientes y los medios críticos son los principales obstáculos del proyecto sanchista. De ahí la obsesión del presidente y sus peones contra magistrados y periodistas que se ciñen a hacer su trabajo, a investigar, que no perseguir, y a informar, no a difundir bulos lapa y consignas socialistas.
Además, que Sánchez tenga el cuajo de acusar a Isabel Díaz Ayuso de corrupción sin más indicio que su odio contra la presidenta de Madrid y horas después del registro del piso de Ábalos en Valencia es un ejemplo más del desprecio por los hechos y de la osadía de un personaje que se ha erigido en una auténtica amenaza contra la democracia.
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