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¡Sin Nación y sin Estado!

¿Tienen poder suficiente las instituciones del 78 para regenerarse? Muestren las pruebas quienes crean en ellas.

¿Tienen poder las instituciones surgidas de la Constitución del 78 para regenerarse? ¿Tienen capacidad esas instituciones para generar confianza en la ciudadanía española? ¿Tienen fuerza histórica suficiente para convertirse en potencias ciudadanas? ¡Quién lo sabe! Sin embargo, hay personas que ni siquiera lo dudan. Son personas inteligentes y con grandes dotes para analizar los componentes emancipatorios de esas instituciones. Pongamos un ejemplo sencillo. Se lo ofrezco a aquellos socialistas, como Emilio Lamo de Espinosa, que comparten las tesis de algunos de mis libros, principalmente aquella que se refiere al proceso de desnacionalización que vive España desde la llegada al poder de los socialistas en 1982, si no queremos referirnos a la fecha de aprobación de una Constitución que pone en cuestión a la Nación como principal sujeto político de España. Sí, repitamos las veces que haga falta, la Constitución del 78, especialmente en su Título VIII, pone en cuestión la Nación…

Le sobran razones y motivos al socialista Emilio Lamo de Espinosa, buen conocedor de la historia del socialismo español, en una columna de El Confidencial, para mostrar preocupación no sólo por los peligros de un Estado sin Nación, sino por un Estado en absoluta decadencia cuya principal causa sería, según el propio Lamo, el sanchismo, que define como una práctica política: "Después del doble fracaso electoral del PSOE en 2015 y 2016, en los que obtuvo 90 y 85 escaños respectivamente, renunció a articular una mayoría social que le pudiera otorgar una mayoría parlamentaria, renunció a ganar elecciones apostando por ganar gobiernos en minoría. Y para ello se pactó y se ha pactado con nacionalistas, muchos de ellos de derechas, e incluso con terroristas condenados o prófugos de la justicia. Y es esa amalgama ideológicamente confusa, -lo que Rubalcaba llamaba un 'gobierno Frankenstein'- lo que determina las prácticas. Eso es el sanchismo."

Independientemente de las matizaciones que podría hacer a este análisis, creo que el sanchismo, sí, es una "práctica política" terrible; no es algo más o menos lamentable, es la otra cara de la democracia: la totalitaria. ¿Tiene poder suficiente el sanchismo para acabar con la democracia? Este es el punto. Ahí creo que no llegaría a ponerme de acuerdo con los análisis del llamado "socialismo crítico", "crítico", sobre todo, cuando corre el peligro de perder el poder. Pero dejemos abierta la cuestión, y volvamos a las preguntas iniciales: ¿tienen poder suficiente las instituciones del 78 para regenerarse? Muestren las pruebas quienes crean en ellas. Yo solo tengo reticencias para mantener lo contrario: hoy por hoy, no existe institución política en España capaz de acabar con un régimen político basado en el engaño, la mentira y la corrupción institucionalizada, o sea, el sanchismo. Sí, amigo Lamo, la causa principal de mi escepticismo está a la vista: los hijos listillos del franquismo se pasaron a las filas socialistas y han trabajado con denodado esfuerzo para hacer casi imposible la alternancia política. Su éxito está a la vista: consiguieron hacer de la derecha, del PP, un partido seguidista del PSOE.

Por eso, hoy, es tan importante preguntarse por las diferencias entre PP y VOX. En ellas residen la posibilidad de que España salga adelante. No basta con las meras declaraciones de Feijóo, antiguo votante socialista, diciendo que no demonizará a VOX, sino de voluntad política para acabar con ese tácito vínculo, mitad secreto y mitad público entre el PP y el socialismo de las buenas maneras y peores intenciones, o sea, el de Guerra y González.

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