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Noticias de un mundo feliz

Los virtuosos imponen sus doctrinas, sus normas y sus experimentos delirantes con algodones impregnados de bondad, de diversidad, de conciencia, de modernidad.

Los virtuosos imponen sus doctrinas, sus normas y sus experimentos delirantes con algodones impregnados de bondad, de diversidad, de conciencia, de modernidad.
EFE

Este es un mundo más feliz porque el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha jurado su cargo sobre un ejemplar del Corán en las entrañas mismas de la metrópoli que representa la modernidad occidental y el epítome del progresismo que los americanos llaman "liberalism". Los "liberals" de ambos lados del Atlántico están felices. No estarían felices si un alcalde de Riad jurara su cargo sobre la Biblia. Eso sería un atraso, una intromisión de la religión en la política, una vuelta al medioevo. Pero un Corán en la jura de un musulmán en un subterráneo neoyorquino no es atraso ni religión ni medioevo. Es cultura de la buena. De la que no es occidental. Los "liberals" de aquí y de allá están exultantes porque el Corán de Mamdani certifica que han tenido éxito. Pueden exhibir lo del primer musulmán alcalde como un trofeo, pasearlo por los teatros de varietés, sentirse gratificados. Al fin, frente a los "deplorables" patanes de pocas luces que temen la diversidad y la multiculturalidad, un triunfo de la élite culta de mente abierta que prescribe lo que debe hacerse porque sabe mejor que nadie. La ciudad de Nueva York la seguirán gobernando ellos. Pero Mamdani será la mascota.

Del mismo mundo feliz procede el vídeo de una madre de Fairfax County, Virginia, que tiene que tomar una decisión difícil. Su hijo va a llegar pronto a la edad de escolarización y no sabe si debe apuntarlo al sistema de escuela pública (Fairfax County Public Schools). El motivo de sus dudas es que la dirección del FCPS ha decidido mantener los "estudios de género" en el programa de primaria, a pesar de que los padres, consultados al respecto, se han pronunciado masivamente en contra. Esto demuestra, dice Kaylee Whitebrook, la joven madre, que para la dirección del FCPS, los padres no cuentan para nada y sólo son "obstáculos para su agenda". El vídeo circula por X y parece auténtico, pero quién sabe. Lo que sí es auténtico es que esos estudios de género, con especial atención a los niños con disforia, están incluidos en el programa de primaria de esas escuelas y que la comunidad, es decir, los padres están mayoritariamente en contra. De nuevo, los irreductibles paletos de miras estrechas se oponen a los abiertos de mente, cultos y virtuosos que saben qué es lo mejor para todos. Qué sería del mundo sin esta gente preclara, sin los ungidos por los dioses.

Hace un año, compré una edición de Un mundo feliz, "Brave New World", de Huxley, que llevaba un prólogo de Margaret Atwood en el que se preguntaba cuál de los dos libros visionarios publicados en la primera mitad del siglo XX había resultado más certero. Si el de Orwell, "1984", que construía un mundo dominado al detalle por un totalitarismo brutal, que el autor modeló al estilo soviético que había conocido y padecido o si estábamos más cerca de hacer realidad el libro de Huxley, que llegaba al mismo sitio por un camino diferente. Atwood no se decidía. Yo sí. Estamos en un mundo feliz. Su estructura y sus métodos son diferentes a los del original, pero los grandes rasgos son idénticos. Por eso no se ven. Ven a los brutos y los señalan, pero no ven ni señalan a los virtuosos. Ven a los autoritarios, pero no a los que hacen lo mismo con buenas palabras. Los virtuosos imponen sus doctrinas, sus normas y sus experimentos delirantes con algodones impregnados de bondad, de diversidad, de conciencia, de modernidad. Y ese destilado suave es el "soma" de nuestro mundo o de lo que queda de él, un viejo mundo que la casta de los virtuosos cree que podrá lograr que, de pura tontería, se autodisuelva.

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