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La estéril campaña izquierdista contra el arresto de un tirano

Nicolás Maduro, a todos los efectos, es un sospechoso de narcoterrorismo que habría utilizado los medios del Estado y el Ejército venezolanos para perpetrar sus delitos,.

La captura de Nicolás Maduro ha sacudido el ánimo de la izquierda occidental, que ahora reclama la vigencia de una legalidad internacional que solo invoca cuando el perjudicado es un santón comunista. En el caso de Venezuela, a ningún izquierdista le han preocupado los tratados internacionales o la vigencia de los derechos humanos cuando el chavismo secuestraba, torturaba y asesinaba a los opositores democráticos a la tiranía implantada por Hugo Chávez hace ya más de un cuarto de siglo.

Los crímenes de la dictadura venezolana, que con Nicolás Maduro al frente se han multiplicado, se cuentan por millares y están siendo investigados en la causa abierta a tal efecto en la Corte Penal Internacional. La fiscalía del tribunal ya ha documentado la existencia de ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, torturas, violencia sexual y persecución política. La gravedad de los delitos y las pruebas de su comisión son tan abrumadoras que el Gobierno venezolano decidió desvincularse del Tratado de Roma, tratando de evitar inútilmente la jurisdicción del CPI en unas violaciones de derechos humanos perpetradas con anterioridad.

Por otra parte, EEUU no ha secuestrado a un jefe de Estado en ejercicio, como se sostiene también de forma interesada en los círculos izquierdistas. Nicolás Maduro no ha sido reconocido como tal por numerosos países y potencias occidentales como EEUU, la mayoría de naciones de Sudamérica, Reino Unido, Francia, Alemania o la misma España, como el propio Pedro Sánchez se encargó de aclarar nada más conocerse la captura del tirano. Maduro tampoco ha sido reconocido como presidente legítimo por la Unión Europea, e incluso la ONU, donde toda dictadura tiene su asiento, ha evitado avalar al Gobierno de Caracas tras las elecciones de 2024, aludiendo a la existencia de una grave crisis democrática y humanitaria.

Nicolás Maduro, a todos los efectos, es un sospechoso de narcoterrorismo que habría utilizado los medios del Estado y el Ejército venezolanos para perpetrar sus delitos, principalmente en suelo estadounidense. Su captura responde al mandato de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, donde se instruye una causa judicial desde 2020, ante la que ayer comenzó a declarar acusado de narcotráfico, tráfico de cocaína y posesión de armas en compañía de su mujer, sospechosa también de participar en los mismos delitos.

La izquierda es muy dueña de protestar por la detención de Maduro, pero sus violencias callejeras y los aspavientos de sus dirigentes en los medios afines no pueden esconder el hecho de que están defendiendo a un narcotraficante a gran escala y un torturador del pueblo venezolano.

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