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Pablo Planas

La dulce Delcy, Zapatero, Monedero y otros chavistas patrios

Hay tantos flecos que se entiende perfectamente que Zapatero esté a estas horas en paradero desconocido y en absoluto silencio.

Zapatero y Nicolás Maduro | EFE

A muchos de los paladines del derecho internacional surgidos tras la captura de Nicolás Maduro les parece estupendo el principio "legal" de la "justicia universal", procedimiento por el que un tribunal español podría juzgar crímenes como el genocidio o la tortura cometidos en cualquier lugar del ancho mundo. Tal cosa permitió a Baltasar Garzón ganar gran notoriedad por el llamado "caso Pinochet". Los juristas "progres" de España pensaban que habían descubierto la pólvora. Lástima que ya existieran por entonces el Tribunal Penal Internacional o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

El caso es que perseguir judicialmente a Pinochet cuando era un anciano sin poder estaba muy bien visto, pero los impulsores de esa causa hacían la vista gorda con el castrismo, el chavismo, Rusia y China. Son los mismos que ahora claman contra Donald Trump y los Estados Unidos por haber "secuestrado" a uno de los sátrapas más delirantes y grotescos que ha conocido la historia, un miserable sostenido por un ejército de miserables que por lo visto aspiran a ordenar una transición pacífica tutelados por Marcos Rubio y Trump. Ellos, los que han torturado, asesinado, robado y condenado a la mayor parte de su población al exilio, la miseria y la muerte.

Si ese es el plan, un personaje como José Luis Rodríguez Zapatero, el embajador internacional del chavismo, puede que no salga tan mal parado como es presunción generalizada tras la caída, o lo que sea, de Maduro. El mayor defensor del sucesor de Hugo Chávez ha sido el expresidente socialista español. Y el Gobierno de Sánchez, uno de los pocos aliados internacionales del chavismo junto a Rusia, China, Irán, Cuba y Corea del Norte, que se dice pronto. Al PSOE, Podemos, Sumar, Bildu y la CUP les llegan hasta el cuello y más allá las heces del chavismo. Ese Monedero bailando como un pelota en un mitin de Maduro cuando las elecciones que le robaron a Edmundo González y María Corina Machado es el símbolo perfecto de lo que han sido el Gobierno de Sánchez y la izquierda española en materia venezolana.

Y nada es gratis. A Monedero, por ejemplo, el régimen bolivariano le encargó un estudio para implantar una nueva moneda revolucionaria por el que cobró más de 400.000 euros que ingresó en su empresa "Caja de Resistencia Motiva 2". Con un par, sí señor. La gente muriéndose de hambre y Errejón que va y dice que gracias a Maduro en Venezuela se hacían tres comidas al día. En el complejo rompecabezas también constan las piezas de Ábalos, Koldo, Aldama, compañías aéreas y petroleras como PDVSA, toda la corrupción socialista y la financiación de la extrema izquierda en España. Estamos hablando además de Delcy Rodríguez, la dulce Delcy que habría traicionado a Maduro, la amiga de Koldo y esa misma señora que hizo escala en Barajas con cuarenta maletas gracias al Gobierno amigo y a pesar de tener prohibido pisar suelo europeo.

Hay tantos flecos que se entiende perfectamente que Zapatero esté a estas horas en paradero desconocido y en absoluto silencio. El vacío lo ocupa José Manuel Albares, nuestro ministro de Exteriores, un personaje digno de estudio reposado. "Esto sienta un precedente muy peligroso. No nos vamos a resignar a que se imponga la ley del más fuerte", ha declarado este hombre en relación al caso. ¿Un precedente? Ah, que es la primera vez que los Estados Unidos trincan a un tirano o intervienen en el extranjero. En cuanto a que no nos vamos a resignar a la ley del más fuerte, Albares no ha explicado qué vamos a hacer para remediarlo. ¿Tal vez otra carta con Petro y Lula?

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