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Los lacayos de los ayatolás no creen a las mujeres iraníes

La farsa del feminismo woke está quedando expuesta con especial crudeza en las calles de Irán.

Las manifestaciones multitudinarias en las calles de Irán pueden poner contra las cuerdas al régimen tiránico de los ayatolás, responsable de sojuzgar al país persa desde que Jomeini impuso su teocracia sanguinaria en 1979.

El detonante de las protestas ha tenido, en esta ocasión, un carácter económico, como consecuencia del desastre provocado por un régimen que ha dedicado sus mayores esfuerzos a construir un delirante programa nuclear (destruido por Israel y EEUU) y a financiar grupos terroristas por todo el mundo. El resultado es una inflación galopante y el desplome del rial iraní, que llevó a los comerciantes de todo el país a cerrar las tiendas en señal de protesta, en un gesto que rápidamente se extendió a las universidades y las calles de las grandes ciudades. A ese hundimiento económico hay que sumar la escasez de energía que sufren los ciudadanos, y ello a pesar de tratarse de un país con enormes riquezas petrolíferas, otro dudoso logro de la Revolución Islámica que lo equipara con el socialismo venezolano.

La respuesta del Gobierno iraní ha sido brutal, con centenares de muertos y miles de detenidos en todo el país tras una oleada de represión sin precedentes a cargo de la siniestra Guardia Revolucionaria, un cuerpo que actúa con plena independencia dentro del Estado y que ha hecho de la tortura y el asesinato de los disidentes su cometido habitual.

Llama poderosamente la atención la indiferencia de Occidente hacia el pueblo iraní, que trata de desembarazarse de una tiranía sangrienta sin apenas apoyo exterior. En el caso de España resulta especialmente odioso el silencio cómplice de la izquierda, especialmente de Podemos, cuyos dirigentes no se han dignado condenar el régimen teocrático de Teherán o a enviar un mensaje de apoyo a los ciudadanos que están siendo masacrados en las calles, para no traicionar los vínculos, especialmente financieros, que mantienen con los ayatolás. El feminismo ultraizquierdista, siempre dispuesto a denunciar absurdos micromachismos en Occidente, calla también ante las imágenes de las jóvenes iraníes que protestan en las calles sin el velo islamista y se juegan la vida quemando fotografías de Alí Jamenei, líder supremo de Irán y máximo responsable de la devastación de un país con enormes riquezas naturales y una inveterada tradición cultural.

La farsa del feminismo woke está quedando expuesta con especial crudeza en las calles de Irán. La vergonzosa izquierda feminista utiliza a las mujeres únicamente como instrumento para su discurso anticapitalista, apropiándose de una causa inicialmente noble para corromperla y convertirla en ariete de su adenda liberticida. El caso español, representado por la basura podemita lacaya de Irán, es a estos efectos el ejemplo más despreciable.

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