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José T. Raga

Cuando el vasallo deviene esclavo

Hacía tiempo que en política internacional no oía hablar de sumisión de una nación a otra, al menos en un escenario de países económica y culturalmente avanzados

Tampoco me extrañaría que, dado el poco rigor que reina en nuestro lenguaje, haya gentes que los consideren sinónimos, cuando, en realidad hay notables diferencias. En común pueden tener que en ambos casos existe un señor del que dependen los dos, pero en el primero, la dependencia es voluntaria – se ha creado mediante acuerdo, a cambio de algo – mientras que el segundo, perdió la libertad para decidir desde el inicio.

Hacía tiempo que en política internacional no oía hablar de sumisión de una nación a otra, al menos en un escenario de países económica y culturalmente avanzados; al menos eso supongo que creemos, y que no estamos dispuestos a aceptar otra alternativa, como la que se está barajando en el lenguaje político internacional.

Me ha inquietado, y de ahí viene mi preocupación, la petición del presidente Sánchez – presidente, que lo es, del Gobierno de España – a Europa, "para evitar el vasallaje frente a Estados Unidos, en plena tensión con Groenlandia".

La advertencia no puede ni debe considerarse una cosa menor, ni menos aún una anécdota circunstancial de la frase deslizada de un contexto con otros propósitos.

Bien es verdad que, hasta donde yo conozco, el caso que le han hecho en la Unión Europea, por lo que se ve, es el que tantas veces se ha producido: la ignorancia, con ausencia del mínimo comentario.

El descrédito no puede resolverse a base de frases que a nadie importan, por lo que, caso de serlo por escritos, tienen un final asegurado (la papelera), y si son expresados por lenguaje verbal, se verá honrado por el viejo aforismo español de "a palabras necias oídos sordos".

Y, muy a pesar mío, llego a esa conclusión porque, aun habiendo estado pendiente de la posible respuesta a la advertencia del presidente Sánchez, el tiempo pasa y el silencio del advertido sigue siendo sepulcral, por lo que, mucho me temo que tal carencia, sea la más elocuente de las respuestas posibles, para mostrar la indiferencia o el desprecio al contenido de lo advertido y a su autor, el advertidor.

Aunque, entre nosotros, me cuesta mucho de entender que precisamente el presidente Sánchez, sea el que alerte del peligro del vasallaje, cuando su gestión política está repleta de concesiones inexplicables, las más de ellas frustradas.

Concesiones que, contradicen, no sólo la entereza y probidad exigible a quien debe optar siempre por el bien común de una comunidad, que llamamos España, y no sólo por una hipotética captura de unos votos que puedan garantizarle su anhelada permanencia en el poder.

¿Será precisamente ese poder el que le exige, no ese vasallaje del que se permite alertar, sino la esclavitud que le impulse hasta ignorar o contradecir los principios nobles que configuraron, otrora, al partido del que es Secretario General? Advertencias que ponen en cuestión su cercanía con el Gobierno de Rusia, con el de la República Popular China… poniendo obstáculos a una política uniforme con la establecida por la propia Unión Europea.

¿No estará incurriendo nuestro Presidente en lo acuñado por nuestro refranero "de lo que hablarás, gustarás"?

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