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Santiago Navajas

Julio Iglesias, Sexto Empírico, Husserl y la epojé

En una época de juicios exprés en redes y medios, donde la presunción de inocencia o la responsabilidad política se aplican selectivamente según el bando, la epojé husserliana podría ser un antídoto

Image #: 28477150 Julio Iglesias in concert at ACL Live at Moody Theater on April 1, 2014 in Austin, Texas. Manuel Nauta /Landov | Cordon Press

Uno de los problemas que envenena la situación política es que la gente habla y juzga sin tener ni idea de la realidad. El desprecio absoluto por los hechos se combina con una hipertrofia de sectarismo. El affaire Julio Iglesias es paradigmático porque, tras las denuncias de dos extrabajadoras por presuntos abusos sexuales y acoso laboral en 2021 (hechos que se investigan en fase preprocesal por la Fiscalía de la Audiencia Nacional, con alegatos de falta de jurisdicción por parte de la defensa del artista), automáticamente se ha dado por supuesto que tenían razón las denunciantes, obviando no solo la presunción de inocencia sino el más mínimo respeto por la investigación en curso. Iglesias ha negado categóricamente las acusaciones, calificándolas de falsas, y su equipo ha pedido el archivo de las diligencias, pero en amplios sectores de la opinión pública y en redes el veredicto ya está dictado: culpable desde el minuto uno.

No ocurre igual en el plano político, donde, por ejemplo, tanto Carlos Mazón en la gestión de la DANA de octubre de 2024 como Óscar Puente respecto al descarrilamiento de trenes en Adamuz deberían haber dimitido inmediatamente por su responsabilidad —sean o no culpables penalmente—, lo que deberá ser dilucidado por los jueces, pero sin asumir inmediatamente su culpabilidad sino por ejemplaridad. En estos casos, la dimisión es un acto de asunción de responsabilidad implícita por decoro institucional, aunque la responsabilidad jurídica pueda tardar años en aclararse.

Estas condenas a priori de cualquier evidencia empírica muestran la imposibilidad casi patológica de suspender el juicio. Aquí resulta útil recuperar el concepto filosófico de epojé, introducido originariamente por los escépticos griegos (como Sexto Empírico) y revitalizado por Edmund Husserl en su fenomenología.

La epojé significa literalmente "suspensión" o "retención". En el escepticismo antiguo era la suspensión del asentimiento (ni afirmar ni negar) ante la imposibilidad de alcanzar certeza absoluta, lo que llevaba a la ataraxia (tranquilidad del alma). Husserl la transforma en un método fenomenológico central consistente en poner entre paréntesis la actitud instintiva de juzgar, es decir, suspender el juicio espontáneo sobre la existencia real del mundo exterior y de los objetos para centrarse exclusivamente en cómo se nos dan las cosas a la conciencia (el fenómeno puro). No se niega la realidad, pero se la "desactiva" temporalmente para describir sin prejuicios lo que aparece tal como aparece.

Aplicado a la esfera pública y política actual, practicar la epojé implicaría una suspensión deliberada del juicio inmediato y visceral. No afirmar culpabilidad ni inocencia de nadie (sea Julio Iglesias, Carlos Vermut, Íñigo Errejón, Adolfo Suárez, Carlos Mazón, Óscar Puente…) sin pruebas concluyentes, no asumir que una denuncia equivale a condena, ni que una dimisión sea prueba de culpa. Sería poner entre paréntesis las doxas (opiniones preconcebidas, prejuicios ideológicos, afinidades partidistas o antipatías personales) para atender solo a los hechos disponibles en cada momento, a lo que se presenta en la "evidencia" fenomenológica del caso.

Un ejemplo concreto: ante las acusaciones a Julio Iglesias, la epojé nos invitaría a suspender tanto el "es culpable porque lo dicen dos mujeres y en la era #MeToo hay que creerlas siempre" como el "es inocente porque es famoso y las denuncias son tardías o motivadas". En su lugar, describiríamos sencillamente que hay una denuncia con testimonios detallados y pruebas documentales aportadas, una investigación abierta en fase preliminar, una defensa que alega falta de jurisdicción y niega los hechos, y ninguna sentencia aún. Punto. Sin saltar al veredicto final.

Lo mismo con Mazón o Puente. Habría que suspender el "dimitió porque era culpable" o "no dimitió porque es inocente" para centrarnos en que hubo una catástrofe con cientos de muertos y múltiples víctimas, protocolos fallidos y una investigación judicial en marcha. La epojé no impide indignarse por el sufrimiento ni exigir transparencia y ejemplaridad, lo que conduciría a sus dimisiones ipso facto, pero evita que el juicio prematuro y sectario contamine la percepción de la realidad y convierta el debate público en un linchamiento o en una absolución automática por afinidad ideológica.

En una época de juicios exprés en redes y medios, donde la presunción de inocencia o la responsabilidad política se aplican selectivamente según el bando, la epojé husserliana podría ser un antídoto humilde pero poderoso contra el envenenamiento colectivo. No nos llevaría a paralizarnos en una indecisión eterna, sino para ganar tiempo y claridad antes de dictar sentencia. Porque, como decía Husserl, solo desde esa reducción fenomenológica podemos acceder a una descripción fiel de lo que realmente está en juego: la verdad, la dignidad y su correlato político: una democracia liberal en lugar de una demagogia populista.

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