La Justicia, el velo islámico y un instituto de Logroño
No creo que el asqueroso velo sea un elemento de verdad religioso, es una forma de dominación machista que ninguna sura del Corán impone explícitamente.
Un Juzgado de Logroño ha obligado este miércoles a un instituto de la ciudad a readmitir a una estudiante que había sido expulsada por vestir el odioso pañuelo islámico. El razonamiento jurídico ha sido que la prohibición de llevarlo atenta contra la libertad religiosa de la joven.
Me parece un error, primero porque, como ya he dicho alguna vez, no creo que el asqueroso velo sea un elemento realmente religioso, es una forma de dominación machista que se sustenta en unas pocas suras del Corán, ninguna de las cuales lo impone explícitamente.
Y segundo y más importante, porque aunque lo fuera, eso no es razón suficiente para que una sociedad del siglo XXI de por buena una norma que es una discriminación clara y evidente de la mitad de su población. Por poner un ejemplo, no creo que admitiésemos que alguien reclamase el derecho a lapidar hasta la muerte a su hijo "contumaz y rebelde", tal y como ordena el capítulo 21 del Deuteronomio en sus versículos del 18 al 21.
Me dirán ustedes que no es lo mismo llevar el velo que ser apedreado y les responderé que puede que no, pero eso no justifica discriminar a la mitad de la población. Por otra parte, justo antes de eso el mismo Deuteronomio admite y pone normas a la bigamia, como el Corán lo hace con la poligamia, y las sociedades occidentales y civilizadas no la admiten ni para unos ni para otros. Es decir, que si no basta que una cosa aparezca en el Corán o la Biblia para que la demos por buena, no veo por qué hay que hacerlo con otra que, como decía antes, encima ni siquiera aparece.
Aunque las feministas españolas lo han olvidado, fascinadas como están por el islam porque se creen que es anticapitalista y antioccidental como ellas –en realidad es ambas cosas, pero un modo muy diferente–, el pañuelo es una marca que señala a las mujeres como seres impuros y, por lo tanto, inferiores; una forma de limitar su individualidad, de hacerlas menos personas; y algo abyecto que además abre la puerta a otras formas de "libertad religiosa" como el niqab o el burka, que ya directamente extirpan a la mujer de la sociedad. Las iraníes entienden tan bien esto que han muerto por miles, y no es la primera vez, por defender su derecho a salir a la calle sin pañuelo, mientras aquí tenemos petardas hablando de feminismo "racializado".
Con sus más y sus menos, fue el Imperio Británico el que prohibió en la India la práctica del sati, es decir, que se quemase viva a la viuda junto con el cadáver del marido. Y lo hizo con la oposición de hindúes que reclamaban lo que consideraban su derecho a una práctica religiosa ancestral.
Las propias mujeres indias no estaban en disposición de lograr esa abolición, como no están en condiciones de luchar contra el pañuelo las musulmanas ni en occidente ni mucho menos en los países en los que esa es la religión del Estado. Por eso debemos hacerlo los demás, las instituciones públicas, la Justicia y, ante el fracaso evidente de estos, la sociedad. Hay que hacer exactamente lo que hizo el instituto de Logroño: abrir espacios en los que puedan ser libres, en los que no las alcance la barbarie de aquellos que se esconden tras una religión para humillarlas.
Bien por el instituto, mal, muy mal, el juzgado.
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