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EDITORIAL

Sanchismo: efecto llamada y coladero de la inmigración ilegal

España se ha convertido en un coladero, en el paraíso de las mafias esclavistas, en un puerto franco para toda clase de delincuentes.

La regularización masiva de inmigrantes pactada entre el Gobierno y Podemos es un paso más no sólo en la demolición de nuestra democracia sino también en la destrucción del sistema de vida español, de ese contexto en el que los servicios y el ascensor social funcionaban, existía una cierta idea de la prosperidad, de la competitividad y de la justicia, del mérito recompensado, de la igualdad entre hombres y mujeres y de la libertad religiosa.

Colapsan las infraestructuras por una criminal falta de mantenimiento, porque la corrupción mata y por la incompetencia de la izquierda. Y colapsan también los fundamentos de la sociedad por la llegada descontrolada de inmigrantes que lejos de integrarse tratan de extender hábitos, creencias y costumbres contrarias a la más elemental idea de la civilización occidental.

Las implicaciones de la regularización masiva sobre el censo electoral se explican por sí solas. El Gobierno está comprando votos a cambio de papeles en una maniobra que forma parte de la operación sanchista para perpetuarse en el poder. El impacto de la decisión sobre la seguridad ciudadana no entra en los cálculos del Gobierno y de Podemos. Tampoco el efecto sobre unos servicios sanitarios, educativos y asistenciales cada vez más tensionados, explotados e infradotados.

No hay más que reparar en la situación de las Canarias o de Ceuta y Melilla para advertir la gravedad del anuncio, su destructivo efecto llamada, las lamentables consecuencias que acarreará el proceso de regularización y el riesgo más que real de que decenas de miles de delincuentes encuentren acomodo en nuestro país con una mera declaración por su parte de que carecen de antecedentes penales en su país de origen.

En Canarias es imposible acoger y atender a más inmigrantes. Y lo mismo sucede en Ceuta y Melilla. Han caído las plantillas policiales, los servicios de salvamento y acogida están desbordados y al Gobierno no se le ocurre otra cosa que anunciar una regularización masiva que de paso tape la tragedia ferroviaria de Adamuz, esa falta de mantenimiento y de decencia que se llevó por delante la vida de 45 personas.

España se ha convertido en un coladero, en el paraíso de las mafias esclavistas, en un puerto franco para toda clase de delincuentes, en un paraíso para quienes aspiran a vivir de las ayudas públicas, en un territorio donde la voluntad del Gobierno cuenta más que las leyes. No hay una sola razón que justifique la regularización de más de medio millón de inmigrantes que están en España de manera ilegal, salvo el interés partidista del PSOE y de Podemos y de sus líderes. El objetivo es evidente. Hay que acabar como sea con la alternancia política. Hay que liquidar a la derecha y para eso vale todo, incluida la desnaturalización del censo.

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