El cordón
España cuenta con una extraordinaria cantidad de buenos escritores que nunca llegarán lejos porque todavía no se han comprado un cordón
Ahora entiendo por qué soy un escritor tendente al fracaso y abrazado a minorías. Me ha costado doce libros comprenderlo. La clave estaba en el cordón. Mi repugnante manía de vestir cinturón ha arruinado la mitad de mi carrera literaria. La otra mitad la arruinó mi costumbre de ducharme a diario. Por no echar mano de una pequeña cuerda, me he alejado de las ofertas jugosas de las grandes editoriales –algún día contaré la sonrojante reunión en una de ellas que lo cambió todo diez años atrás-, y me he cerrado la puerta a premio o reconocimiento alguno. Era el cordón.
Yo empeñado en escribir lo mejor posible, en divertir al personal, en aportar algo que el día de mañana no avergüence demasiado a mis nietos, y he estado perdiendo el tiempo. Tan solo necesitaba ceñirme unos bombachos de AliExpress con un cordón de los que usaban nuestros abuelos para asegurar el cierre de los paquetes en los envíos postales, y dedicarme al pastoreo en mis ratos libres para garantizar que mi obra conserve un cierto olor a oveja rancia, que eso hace que en los jurados literarios todos pongan los ojos en blanco.
Tiene gracia. España cuenta con una extraordinaria cantidad de buenos escritores que nunca llegarán lejos porque todavía no se han comprado un cordón. Muchos de ellos languidecen por las esquinas de los ministerios, obsequiando a raudales su creatividad en segundo y tercer plano, a cambio de la felicidad de los dineros públicos. Me confieso feroz consumidor de la ingente obra minoritaria que sirven gratuitamente –el chiste se cuenta solo- los ministerios, observatorios, concejalías, y demás organismos del enorme Estado español. Mi último descubrimiento me ha dejado ciego.
Se trata de una célebre obrita titulada El sexilio en España. Como estamos en el año de homenaje a Franco, pensé que sería el enésimo estudio sobre los exiliados durante la dictadura, pero incluso aunque se trate de una obra del Ministerio de Igualdad, la errata en la cubierta del libro me resultaba demasiado grotesca. Más tarde supe que no hay errata. El "sexilio" es un palabro ideado por el ministerio, que de todos modos lo ha plagiado de un ganso latinoamericano, y que los autores del estudio explican así –hagan el favor de no reírse-: "El sexilio se ha entendido en la literatura como un subconjunto específico de las movilidades LGTBI+, como cambio de residencia fuera del municipio de crianza motivado, al menos en parte, por la huida del rechazo/discriminación/violencia o por la búsqueda de una 'vida vivible' como persona LGTBI+". Es que lo leo y veo el cordón del autor desde aquí. Huelo la mismísima oveja.
La obra tiene 178 páginas. Y los españoles hemos pagado una cuenta que no puede ser más excitante: más de 378 euros por página. La madre que me parió. 378 euros por página. Hasta un total de 67.339 euros. Ni en los libros que he hecho hasta el momento como persona de color, que diría el informe del sexilio, para las más generosas personalidades de este país, ni en los informes más delicados en los que he tenido ocasión de participar, he logrado levantar yo 378 euros por página. Cuenta The Objective que esta gran obra ha alcanzado la mareante cifra de 78 descargas. No he conocido a nadie más generoso y más idiota que el pagador de impuestos español.
La creatividad desborda por los ministerios de Sánchez, incluso más allá de lo meramente literario. Recordemos por ejemplo que en septiembre pagamos 1.641.636 euros por la campaña "por huevos" –y por huevos la pagamos- del Ministerio de Igualdad, con aquel inspiradísimo anuncio que protagonizó Paco León. O la desmesurada inquietud cultural, en su vertiente de amor al periodismo, de la ministra Ana Redondo, que acaba de adjudicar más de 100.000 euros para el rastreo de todas las noticias publicadas y menciones sobre su ministerio –un saludo, ministra-. Soy incapaz de explicarles por qué a Bolaños, que también ha contratado un servicio de recopilación diaria de "menciones al ministro publicadas en medios digitales y en papel", le cuesta poco más de 34.000 euros. A ver si te han timado, Ana.
En todo caso, nada de esto me parece mal. Estos escritores, creadores de contenido, y creativos con limitado olor a oveja, merecen una oportunidad, y si no tienen acceso a su propio cordón para alcanzar el éxito, es justo que el Estado destine lo que sea necesario para que su obra pueda brillar, ya sea en forma de campaña, de libro sobre el sexilio, o de dossier de prensa. Lo que sería un escándalo es que se cortaran de raíz todas estas vías de financiación para escritores sin cordón por dedicar el dinero a tapar baches, soldar vías, o a cualquier otra gilipollez.
Santo Dios. Españoles, visto lo visto, encomiéndense como yo a Nuestra Señora de los Desamparados por el Gobierno. Y después vean en Popes80.com los gráficos publicados esta semana sobre el gran desacople entre inversión, inflación, población, y presión fiscal durante el sanchismo. Les garantizo que les entrarán unas ganas locas de sexiliarse. Con o sin cordón.
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