Delcy Rodríguez empieza a demoler el chavismo
La confesión de los chavistas tiene también la virtud de poner a la izquierda occidental frente al espejo de su hipocresía.
La captura de Maduro por parte de EEUU ha abierto un nuevo tiempo político en Venezuela, aunque los encargados de liderar este periodo transitorio formen parte de la banda que se ha enseñoreado del país caribeño desde hace décadas. El pavor a seguir los pasos de su líder y la asunción del fin de la dictadura como un hecho inevitable están dando lugar a decisiones de importancia para el pueblo venezolano, que comienza a mirar con optimismo el futuro inmediato tras más de un cuarto de siglo de dictadura comunista.
El anuncio realizado el pasado viernes por Delcy Rodríguez, situada al frente de la dictadura para desmontarla sin que corra la sangre, es un paso de extraordinaria relevancia para que Venezuela pueda volver progresivamente a la normalidad. La sicaria de Maduro dio a conocer su decisión de poner en marcha una ley de amnistía para los presos políticos y, de paso, anunció la demolición del Helicoide, siniestra cámara de los horrores chavista donde se ha torturado y asesinado a miles de opositores al régimen chavista.
Estas dos decisiones del poder chavista son mucho más que un gesto de buena voluntad para apaciguar a la oposición democrática. En primer lugar, la "presidenta encargada" (por Trump) tramitará una ley de amnistía y no una serie de indultos, lo que implica el reconocimiento expreso de la existencia de presos políticos, aunque el régimen y sus palmeros en el exterior hayan rechazado siempre esa posibilidad. El cierre del Helicoide para transformarlo en una especie de parque temático, que solo alcanzará verdadero significado cuando el chavismo sea desterrado, supone también la demolición de uno de los emblemas del chavismo y un anticipo simbólico del fin que le espera al sistema bolivariano. El que ambas decisiones se hayan adoptado por el chavismo cuando aún permanece en el poder es la prueba más optimista de que la caída de la dictadura es un proceso que difícilmente va a tener marcha atrás.
El silencio de la izquierda española sobre el anuncio político más importante del chavismo en las últimas décadas es buena prueba también de hasta qué extremo le han afectado los últimos acontecimientos de Venezuela. Los izquierdistas andan profundamente desnortados y ni siquiera son capaces de articular un argumento a favor o en contra de unas decisiones que el propio chavismo, el referente ideológico en el que todos ellos se miran, ha adoptado para dar inicio a un proceso de transición democrática.
La confesión de los chavistas tiene también la virtud de poner a la izquierda occidental frente al espejo de su hipocresía, al reconocer que todo lo que se decía de ellos era cierto y los pretextos de los progresistas pura basura ideológica para tapar los crímenes de sus financiadores comunistas.
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