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Anna Grau

Sílvia Orriols, ¿fan de Ayuso?

La estrella política de Sílvia Orriols es cada vez más brillante porque cada vez hay más gente que le gusta lo que dice y cómo lo dice.

La líder de Aliança Catalana, Silvia Orriols, durante la inauguración de la nueva sede en Barcelona. | EFE/Quique García

Alborotado anda el gallinero del empresariado catalán, que últimamente se lo rifan, como en subasta, Puigdemont, los de "toda la vida" de Junts que no ven el momento de sacudirse a Puigdemont para volver por donde solía la antigua Convergència, el paciente y posibilista Salvador Illa…y Sílvia Orriols. De apestada a codearse triunfalmente con los más ricos y los más finos. A los que alegró el día anunciando importantes bajadas del impuesto de sucesiones, transmisiones patrimoniales, etc.

Tiene gracia la cosa porque eso es lo que hace -con innegable éxito- Isabel Díaz Ayuso en Madrid, y de ahí que la izquierda megaintervencionista (esa que con desparpajo llama "escudo social" a expropiar a los propietarios de pisos para solucionar la crisis de la vivienda…) y los independentistas fracasados acusen a la presidenta madrileña de "dumping fiscal". Quién os ha visto y quién os ve, herederos de Jordi Pujol: de combatir la LOAPA (ley orgánica de armonización del proceso autonómico) a pedir que no se permita a Madrid bajar los impuestos que Cataluña también podría bajar, si gestionara mejor. Mientras suspiran por emular el único "dumping fiscal" verdadero y escandaloso que hay en España, y del que nadie habla: el del País Vasco y Navarra. Esos sí hacen lo que les da la gana, y al cuerno los demás.

La estrella política de Sílvia Orriols es cada vez más brillante porque cada vez hay más gente que le gusta lo que dice y cómo lo dice. Su exquisito catalán medievalizante, su aire de mujer de pueblo y para el pueblo, la claridad con que canta ciertas verdades, dando caña lo mismo a los socialistas que a los mentirosos del procés. Se le entiende todo muy clarito cuando denuncia que la Administración catalana está llena de cienmileuristas que no han trabajado nunca y que el sistema de pensiones es una estafa piramidal. Eso hace casi más fortuna que su discurso sobre la inmigración, ya que incide en las frustraciones freudianas de toda una generación política que está saltando de pantalla aunque sus electos (de momento) no se quieran dar cuenta.

Otro buen detalle de estratega: Sílvia Orriols no permite que en su partido, Aliança Catalana, haya otra cara visible que la suya, y además ha jurado por la estelada que nunca jamás se presentará a unas elecciones generales o intentará influir en la política española. Acostumbrado como está el independentismo a que le levanten la camisa día sí, día también, es normal que mucha gente lo ponga en duda. Yo no. Yo creo que si es lista, cumplirá esta promesa: no ha nacido el partido político catalán (y eso incluye desde los antiespañoles más cafeteros, hasta a Ciudadanos) que al intentar poner pie en Madrid, no haya perdido el norte. Durante un rato parece que pinchan y cortan mucho, pero tarde o temprano les fagocitan y les destruyen.

Es curioso que haya tantos políticos catalanes obsesionados con "mandar" en España, con lo mal que se les da. Si Sílvia Orriols no se deja tentar por esos cantos de sirena, tiene por delante mucho recorrido en la política municipal y en la autonómica.

Otra cosa es cómo va a resolver nada de lo que dice que quiere resolver manteniéndose al margen del Estado. ¿Con qué arma secreta cuenta para conseguir la independencia entonces, si no es a tiros? ¿Con qué va a presionar para conseguir traspasos, regalías, financiaciones autonómicas favorables? ¿Cómo le va a dar la vuelta a la estafa de las pensiones, cómo va a gestionar la inmigración? Es más fácil criticar que arreglar, capitalizar malestares que disiparlos.

Por eso a servidora le llama tanto la atención, y me extraña que no se le llame a más gente, que la flamante lideresa de Aliança Catalana parezca tomar como referente menos a Jordi Pujol que a Isabel Díaz Ayuso. No hace falta que alguien te caiga bien para copiar sus métodos si ves que funcionan. Y Sílvia Orriols parece tener claro que a ella también le puede funcionar hacerse fuerte en "su" territorio y desde ahí plantar cara al gobierno español.

El drama de los nacionalistas catalanes siempre ha sido ese, que cuánto más estupendos se ponen, menos "sacan". Juan Carlos Rodríguez Ibarra "sacó" más cuando gobernaba Extremadura, Isabel Díaz Ayuso "saca" más para Madrid, no poniéndose en clave rupturista, sino diciendo claramente: "lo mío first". Juan Carlos Rodríguez Ibarra iba de pobre, Isabel Díaz Ayuso va de liberal rebelde, pero el éxito de ambos fue no tratar de cambiar el Estado, sino optimizar su manera de pertenecer a él. Sílvia Orriols parece que va por el mismo camino. Veremos.

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