Tenemos lo que nos merecemos
El espectáculo grotesco de ver a PP y Vox a la greña en redes sociales a dos días de las elecciones que deberían destruir al PSOE de Aragón es deprimente
El enésimo monigote gubernamental para desviar la atención de su corrupción y su incompetencia crónicas ha sido amenazar con echar de Tik Tok a los menores de 16 años, que son cada vez más fachas y tiene pinta de que votarán mal (o sea, no al PSOE) en cuanto la ley se lo permita. Anunciada la tontería, que por supuesto jamás se convertirá en realidad (¿se acuerda el lector del Pajaporte?), el Narciso Destalentado que okupa La Moncloa se metió en un rifirrafe con el dueño de Twitter, convencidos sus responsables de comunicación de que lo único que puede levantar las pésimas perspectivas electorales del PSOE aragonés y nacional es una buena pelea mediática con Elon Musk, al que denominaron "tecno oligarca", uno de esos conceptos tontísimos a los que la izquierda se aferra como Homer Simpson a su bocadillo descompuesto. España no es Canadá, donde Trump le otorgó la victoria a la socialdemocracia sin ayuda de nadie, pero la derecha española también tiene una responsabilidad enorme en la permanencia de nuestro Trump de Hacendado en el poder.
El espectáculo grotesco de ver a PP y Vox a la greña en redes sociales a dos días de las elecciones que deberían destruir al PSOE de Aragón es deprimente, y explica perfectamente por qué un mediocre sin talento alguno salvo mentir lleva ocho años hundiendo al país. La lucha por ser el partido hegemónico en la derecha es legítima, pero sólo cuando se haya cumplido el objetivo número uno de cualquier demócrata: mandar al marido de Begoña Gómez a su casa. Y que la casa esté situada aproximadamente entre los municipios madrileños de Meco y Alcalá de Henares, también. Yo añadiría la demolición del edificio de la calle Ferraz 70 y la erección en el solar de una estatua de oro macizo a Tamayo y Sáez, los dos héroes que evitaron que Rafael Simancas, calvo mendaz, presidiera y por tanto hundiera a la Comunidad de Madrid. Déjenme soñar.
El caso es que el único beneficiado de los bastonazos entre los dos grandes partidos de derecha democrática en España es Sánchez. Sí, es cierto que el PP es un partido de burócratas sin alma ni ideas que aspira mayoritariamente a ser el PSOE azul, y que está dirigido por un tipo que tiene menos ganas de gobernar que un sindicalista de agarrar un pico. Y sí, es cierto que Vox son una colección de amateurs que bordean la oligofrenia a los que probablemente financia Rusia a través de la Hungría de Orban. Pero entre eso y el PSOE y sus socios, la elección es obvia. Una coalición entre la 'Ndrangheta calabresa, el Cártel de Sinaloa, la Mara Salvatrucha y un puñado de piratas somalíes sería menos dañina que el gobierno del Narciso Destalentado que nos ha tocado padecer. Y ahí están a gorrazos, los unos y los otros. Cualquiera diría que no se creen sus propias palabras sobre la catástrofe que significa tener al PSOE gobernando y que están mucho más preocupados por proteger sus respectivos espacios de poder que por afrontar las cada vez más urgentes reformas que España necesita como el comer.
De todos modos, si hay alguien en España que realmente se merece lo que tiene son, somos, los ciudadanos de Cataluña. Sánchez llegó al poder gracias al apoyo interesado del golpismo, primero, y se mantuvo en él merced a los votos de los catalanes, después. En las últimas elecciones generales el bloque constitucionalista se quedó a cuatro escaños de la mayoría absoluta. De esos cuatro escaños de ventaja de la coalición Sánchez-ETA-Lunáticos, cuarenta y dos venían de Cataluña. ¿El resultado? El AVE a Madrid circula a la misma velocidad que un Seat 131 Supermirafiori, las Cercanías catalanas tienen la fiabilidad del Metro de Mogadiscio y lideramos los rankings europeos más prestigiosos, como el de robos con fuerza o el de pobreza infantil. Pero es exactamente lo que hemos elegido. Los catalanes, como colectivo, decidimos escoger a un reputado embustero sin escrúpulos para que garantizara la impunidad del sector más esquizoparanoide de la sociedad, y lógicamente pagamos las inevitables consecuencias de nuestras decisiones. Los regalos hay que abrirlos, y nosotros acabamos de empezar a mirar debajo del árbol. Disfrutemos lo votado.
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