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Emilio Montilla

La maldición del call center

En los últimos tiempos, cada vez que un partido ha usado este recurso, ha sido el principio de su fin. ¿Sucederá lo mismo con el PSOE?

PSOE Aragón

Corría marzo del año 2015 cuando un viví de primera mano las elecciones andaluzas. Por aquel entonces, estaba plenamente involucrado en UPyD y nos enfrentábamos a los primeros comicios en los que nos batíamos en cobre tras no fructificar las negociaciones con Ciudadanos.

Recuerdo que Irene Lozano y Max Pradera –en qué momento nos dejamos engañar por semejantes buscavidas– plantearon como idea genial un call center que llamara a nuestro otrora público objetivo en la provincia de Málaga, a priori en la que más posibilidades había de entrar.

Se gastaron más de 100.000€ del exiguo presupuesto de campaña y los resultados ya los conocen ustedes: no se obtuvo un solo diputado y fue la primera de las debacles que condenaron al partido a la extinción.

Más adelante, en las Generales de noviembre de 2019, Ciudadanos intentó algo parecido. Ante unas encuestas alarmantes que apuntaban a una fuerte caída electoral, se montó un centro de llamadas de voluntarios formado por cargos orgánicos y afiliados. Su misión era contactar con antiguos simpatizantes e inscritos para tratar de recuperar su confianza.

Lejos de revertir la tendencia, el resultado fue aún peor de lo que anticipaban las encuestas: el partido pasó de 57 a solo 10 diputados, iniciando una caída de la que la formación naranja jamás lograría recuperarse.

En la actualidad, el PSOE ha llevado a cabo una fórmula similar en las elecciones de Aragón. Por un lado, se está llamando de forma masiva a jubilados mediante grabaciones de Marcelino Iglesias, antiguo presidente, asegurando que el PP quiere quitarles 400 euros anuales de pensión. Por otro, se están utilizando voluntarios para realizar llamadas masivas a su electorado potencial con el objetivo de convencerles de que respalden a Pilar Alegría. En otras palabras, podemos afirmar a formación socialista ha decidido apostar por hacer un mix de todo lo que ya hemos visto que no ha funcionado.

La conclusión es clara: cuando un equipo de campaña se enfrenta a un contexto atroz, en el que ni siquiera es viable salvar los muebles tras las decisiones pasadas de la dirección de su partido que lo han llevado hasta ahí, empiezan a aparecer las «grandes ideas», muchas veces sugeridas por consultoras y expertos en comunicación, que en realidad sólo consiguen empeorar aún más la situación.

Lo único que tengo claro, después de tantos procesos electorales seguidos de cerca, es que cuando se cierran las urnas las tendencias que marcan las encuestas no se corrigen, sino que se amplifican.

Por eso me atrevo a anticipar que este domingo el PP perderá un par de escaños, que Vox alcanzará al menos la cifra simbólica de quince y que el PSOE caerá por debajo de la barrera psicológica de los 18, firmando el mayor descalabro electoral en Aragón de su historia.

Quizá la verdadera maldición del call center no sea su ineficacia electoral, sino lo que revela: el momento exacto en el que un partido deja de escuchar a la sociedad y empieza a hablar sólo consigo mismo. Y, cuando eso ocurre, la derrota ya no es una mera hipótesis, sino una realidad que sólo está esperando a que empiece el recuento para hacerse oficial.

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