El milagro beat
Descubrí a Los Flechazos, como a casi todos los grupos ochenteros, en la habitación de mi hermano mayor.
Hay un pequeño lugar, situado en la Maragatería de León, en el municipio de Santa Colomba de Somoza, que representa todo lo que está bien en la cultura española. Esta historia empieza hace décadas, cuando a Alejandro Díez, Alex Cooper, le mordió el veneno de la música, que poco después le llevaría a montar una de mis bandas favoritas del siglo pasado, Los Flechazos. Ya sabes, Viviendo en la era Pop, Suzette, La chica de Mel, o una de mis favoritas, Luces rojas. A finales de los 90, tras un puñado de éxitos y giras, disolvió el grupo para montar otro más personal, Cooper, con el que volvió a triunfar, demostrando que la aventura inicial no había sido casualidad. Y otra vez: Avenida de cristal, Hyde Park, Yo sé lo que te pasa, Arizona, o Rabia, que me fue útil en los años voluptuosos del periodismo amenazado para hacerme entender con eso de: "yo no me pienso callar / ni bajo el agua / hay muchas cosas que contar".
Descubrí a Los Flechazos, como a casi todos los grupos ochenteros, en la habitación de mi hermano mayor, donde además de un equipo de música más propio de una discoteca que de una casa, había una extraordinaria colección de discos y vinilos. De vez en cuando me llevaba a escuchar esto o aquello. Un día Los Secretos, otro Los Elegantes, y otro, qué felicidad, Los Flechazos. Haciendo honor a su nombre, el flechazo fue instantáneo. Y desde entonces la música de Alex Cooper fue compañera de vida, en los malos momentos, en los buenos, en los días de fiesta, y en los días de melancolías azules.
Más allá de los escenarios, Álex es una enciclopedia musical, un catedrático de la música sesentera, y el gran impulsor de la cultura mod en España, de la que todavía hoy bebe toda la escena independiente que apareció ya en el siglo XXI. Nació en Alicante, se instaló en San Sebastián, pero la amenaza del terrorismo etarra a su familia le obligó a dejar la patria norteña de la niñez y partir hacia Madrid, primero, y León después, donde ya es mucho más que una suerte de hijo adoptivo.
En Madrid descubrió el universo musical, y en León se entusiasmó con el movimiento mod y el rollo beat. Desde joven colecciona discos, revistas, ropa, carteles, y todo aquello que da forma y color a la cultura musical y estética que le apasiona. Hasta ahora su enorme colección y sus conocimientos eran una joya privada, pero hoy por fin es de todos, gracias a su Fundación Club 45 y al maravilloso museo Archivo de la Era Pop que exhibe en su sede.
Como si no hubiéramos tenido suficiente con la pandemia, en 2021 nos asestó un golpe letal a los fans, anunciando una gira de despedida y abandonando la música activa. Esa es la mala noticia. La buena es que aquello fue el comienzo de este precioso proyecto cultural. Después vinieron años de preparativos, la remodelación de la antigua Casa de las Maestras que hoy acoge el museo, y muchas horas de conversaciones con las instituciones locales y regionales. Al fin, en 2024, abrió sus puertas la sede de la Fundación Club 45.
Tuve ocasión de charlar con él estos días y está feliz tras cumplir su primer año y medio en el museo. Ha convertido un lugar que casi ni aparecía en los mapas, a 16 kilómetros de Astorga, en un centro de peregrinación para los amantes de la música, del pop sesentero y por supuesto para los fans de Los Flechazos y Cooper. En un entorno salvajemente rural, en medio de la nada, las paredes de la Fundación ocultan la colección de revistas musicales de los 60 más grande del mundo, singles, merchandising de los Beatles, fotografías de Los Salvajes, carteles de Los Pasos, Los Polares, Los Mustang, o Micky y Los Tonis, y una programación de actividades semanales, especialmente el fin de semana, que lejos de una gran capital, constituye un sofisticado milagro en medio de un páramo. Allí puedes asistir a charlas y conferencias, conciertos, sesiones de pinchadiscos, entrevistas, y presentación de libros y discos. Desde su apertura, hay un flujo constante de grandes músicos y periodistas desde las grandes ciudades hasta este tranquilo rincón de felicidad musical. Y por si fuera poco el aliciente, hay una buena oferta de casas de turismo rural alrededor donde alojarse.
Mi teoría es que hay muchas políticas que pueden favorecer el impulso a eso que llaman la España vaciada, pero ninguna es tan eficaz y tan esperanzadora como la iniciativa privada de alguien talentoso y valiente dispuesto a seguir transformando, sin hacer ruido, pasito a pasito, el tejido cultural español, para dejar algo mejor a las generaciones venideras, y para que tengamos todavía hoy, en esta España ennegrecida por sus políticos, un feliz recordatorio de que tenemos mucho de lo que enorgullecernos.
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