Los jóvenes y Vox, honestidad brutal
La percepción que tienen muchos jóvenes es que Abascal dice lo que piensa y piensa lo que dice, le guste a quien le guste.
"Vive tus palabras. Haz lo que dices. Acción y opinión deben ser una. Cualquier otra cosa nos lleva a una vida deshonesta". Esta podría ser la máxima de Marco Aurelio, Wittgenstein o un adolescente concienciado con la honestidad brutal que caracteriza a la juventud y que cantó Andrés Calamaro. El triunfo de VOX entre los jóvenes tiene que ver con la percibida autenticidad del partido liderado por Santiago Abascal, su firmeza respecto a sus principios conservadores. Las encuestas de febrero de 2026 lo confirman: VOX vence ya entre los 18-34 años, mientras el PP se desangra en esa franja y el PSOE se refugia en los cuarentones.
Frente al PP, un partido delicuescente y atrapado en la banalidad de los consultores electorales, capaces de sacrificar una idea fundamental para captar un puñado de votos en los suburbios de parejas burguesas con dos hijos y piscina, y la práctica totalidad de los partidos de izquierdas, esos adalides contra la corrupción y el igualitarismo que llenan las cárceles, los burdeles y los chalets de parejas burguesas con un par de hijos y piscina, VOX se ha mostrado inflexible frente a sus principios programáticos, negándose a convertirse en una copia más del bipartidismo, por una parte, y a dejarse seducir por los cantos de sirena de la riqueza y la fama sobrevenida, que han tenido su paradigma en Sánchez, Iglesias, Errejón y otros vividores del montón, que podrían hacer un coro para cantar «soy un truhán, para nada un señor». Los jóvenes ven que la izquierda promete igualdad pero entrega burocracia, subsidios clientelares y censura; mientras VOX, con sus defectos, al menos no les miente con promesas utópicas imposibles de pagar sin subir impuestos o endeudar más al país, mientras se abren las fronteras de par en par como si regular la inmigración para que sea económica y culturalmente compatible con nuestro país no fuese el asunto más urgente, necesario y complejo al que nos enfrentamos.
Por no hablar de los tertulianos vendidos por un plato de lentejas a las plataformas televisivas cada vez más viejunas, rancias y obsoletas. Cada vez que un paniaguado de RTVE clama contra la «ultraderecha», tratando de que VOX parezca el Podemos y el Sumar de la orilla opuesta, el partido de Abascal consigue un puñado de votos más en la franja juvenil que no paga a traidores, como hacían Roma y Michael Corleone. La izquierda lleva años sin entender por qué pierde a los jóvenes. La respuesta la tienen en el espejo y les devora los ojos. Una generación criada en la hipocresía institucionalizada, en el «haz lo que digo, no lo que hago», en líderes que predican la austeridad desde un chalet en Galapagar o la solidaridad con los oprimidos desde una suite de hotel en Venezuela cobrando en petrodólares manchados de sangre, ha desarrollado un detector de imposturas extraordinariamente calibrado. Y lo que detecta en buena parte de la izquierda española no es ideología, sino impostura y negocio; nada de convicción, sino marca personal; nada de lucha obrera, sino carrera política nepotista disfrazada de revolución cobrando miles de euros al mes, clase business en los aviones mientras claman contra Zara y el Mercado, además de ir soltando violadores que no amenazan sus urbanizaciones de lujo y consiguiendo cargos por cuota en nombre del feminismo.
Los jóvenes no son de derechas porque sean tontos ni porque hayan sido adoctrinados por algoritmos malvados, como gusta imaginar a ciertos analistas que cobran para no entender nada. Son de derechas, o al menos simpatizan con VOX, porque han visto a sus padres votar durante décadas a partidos que prometían el cielo socialista mientras creaban consultoras políticas al servicio del mejor postor, sea de la dictadura china, catarí o venezolana. Han visto a Podemos nacer del 15-M, ese movimiento genuino de indignación ciudadana, y convertirse en un aparato burocrático de asignación de cargos y subvenciones. Han visto al PSOE gestionar la crisis de 2008 con los mismos recortes que luego denunciaba en la oposición. Han visto, en definitiva, que la coherencia es la gran ausente de la política española, y han ido a buscarla donde al menos no dicen Diego y hacen Digo.
Que VOX sea o no genuinamente coherente con sus principios es una discusión legítima y necesaria. Hay argumentos para el escepticismo. Pero en política la percepción construye realidad, y la percepción que tienen muchos jóvenes es que Abascal dice lo que piensa y piensa lo que dice, le guste a quien le guste. En un paisaje político donde todo el mundo habla de valores mientras practica el oportunismo, eso no es poco. Es, de hecho, casi todo.
La izquierda tiene dos opciones. La primera es seguir culpando a las redes sociales, a los bulos, a la caverna mediática y a la ignorancia congénita de los jóvenes que no votan como ella quisiera. Es la opción cómoda, la que no exige ningún examen de conciencia ni ningún cambio de conducta. La segunda es mirarse al espejo para ver la versión podrida de Dorian Gray y preguntarse cuándo fue la última vez que un líder progresista pagó un precio real por una convicción real. Como advirtió Antonio Banderas, retratando al típico político que se dice progresista y feminista mientras le mete mano a la cartera del contribuyente y a la falda de una prostituta, se puede cambiar de ideas, pero no de principios. ¿Cuándo fue la última vez que alguien relevante en la izquierda española dijo algo verdaderamente incómodo para su propio electorado, algo que le costara votos en lugar de granjeárselos?
Hasta que esa pregunta tenga una respuesta honesta, los jóvenes seguirán mirando hacia otro lado. Y no será culpa de los algoritmos, de Elon Musk o de X, sino de Sánchez y Zapatero, Yolanda Díaz y Pablo Iglesias, RTVE y El País. El resto es impostura.
Lo más popular
-
Sánchez gasta 18.866 millones de euros en pagar el IMV a más de 3 millones de subsidiados -
El "armario técnico" de Pedro Sánchez: prendas de alta gama para recorrer las zonas afectadas por el temporal -
Vicente Vallés, convencido de cuándo va a convocar Pedro Sánchez las próximas elecciones generales -
Un cubano retrata la hipocresía de Bad Bunny: "Saca a Venezuela, Cuba y Nicaragua de tu sucia boca" -
El Gobierno aprobará una prestación universal por crianza de 200 euros por cada hijo menor de edad
Ver los comentarios Ocultar los comentarios