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Ya preparan el Peugeot de Rufián

El separatismo no es un lastre. En la izquierda radical, el separatista es un amigo. Están básicamente de acuerdo. Y entre los votantes socialistas tampoco lo ven mal.

Una de las ventajas de que el Gobierno dicte con mayor descaro la agenda política de los medios que controla y de aquellos en los que influye es que se ve a simple vista qué tiene entre manos. Se ve a qué le quiere dar bola, se le ve venir y es todo muy evidente. Y, viendo estos días la cobertura que han dado a los planes para hacer un revuelto de izquierdas distinto con los mismos ingredientes, aquello que se ve venir, allá en la carretera, es el coche escoba. Este tipo de vehículo cumple una función muy importante, que es recoger los votos que, sin él, se quedarían por ahí, perdidos, desorientados y desencantados. Los partidos de la izquierda radical pueden ir cada uno por su cuenta y pegarse el tortazo solitos, tal como están las cosas, pero si se juntan y lo hacen bajo una marca nueva creen que mitigarán el golpe. Lo interesante es que lo poco que puedan conseguir no sólo es bueno para ellos. El pequeño pedazo de tarta que esperan pillar se ha vuelto imprescindible para los socialistas.

El partido de Sánchez sólo ha podido gobernar estos años gracias al cochecito leré donde ha ido lo que antes se llamaba extrema izquierda, además del pesadísimo carromato separatista. A esos vehículos les han prestado atención y les han dado mimos. Es verdad que, en cierto momento, quisieron cambiar de coche y propulsaron lo de Errejón para dejar a los de Iglesias fuera, pero no les salió bien. Luego, ya se puso a hacer el trabajo sucio Yolanda Díaz, mientras armaba esto de Sumar, que ahora va a desaparecer, pero que tuvo su papel el 23-J. Sin ese colector, no habría habido gobierno Sánchez. Ese es el tema. Los socialistas no consiguen mayorías por sí solos, así que las arman con las minorías. El problema actual, su problema, es que Sumar, ya no suma. Hay que encontrar otro vehículo y tenerlo listo.

La elección es bien sencilla. O se monta otro Sumar, que ya cansa, o se monta algo más rompedor. Literalmente. Ahí es donde entra Gabriel Rufián, personaje en busca de autor. Ha hablado de montar una coalición de partidos separatistas, pero eso no va a ninguna parte. En cambio, si Rufián encabezara un frente de izquierdas a escala de Estado (nacional no puede él decirlo) el viejo coche sería menos reconocible, casi parecería nuevo. Nada de Yolanda Díaz ni de los de IU más vistos que el tebeo, nada de los podemitas achicharrados. El separatismo no es un lastre. En la izquierda radical, el separatista es un amigo. Están básicamente de acuerdo. Y entre los votantes socialistas tampoco lo ven mal. Sánchez ha podido pactar con todos los separatistas y darles lo que pedían sin que le pasara mucha factura. Añádanse las características personales del pretendiente, y tenemos el perfil perfecto para lo que hoy quiere parte del público. Rufián contra Quiles, gran velada. Para mí, que va a ser él. El PSOE ya le estará preparando el Peugeot para la gira por el Estado.

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