Menú

Felipe

No creo que nadie quiera nunca a Pedro Sánchez más que a su lavadora. Él jamás inspirará eso.

No creo que nadie quiera nunca a Pedro Sánchez más que a su lavadora. Él jamás inspirará eso.
EFE

-¡Felipeeeeee! ¡Te quiero más que a mi lavadoraaaaa!

Esto lo gritó una espontánea en un mitin en Andalucía en aquellos años, que ahora parecen tan remotos, en que Felipe González no es que pareciera Dios. Es que lo era. El One. Sin regatearle carisma ni quitarle mérito, a mí me hartaba un poco semejante culto a la personalidad. No tanto el de la gente sencilla, como esta señora andaluza para la que "su" Felipe lavaba más blanco, sino el de muchos colegas periodistas para los que atreverse a criticarle lo más mínimo era, no ser todavía ultraderecha -todavía no llamaban así a todo aquel que no comulgue con las ruedas de molino de la ultraizquierda…-, pero sí una lamentable minusvalía política.

Me acuerdo por ejemplo del caso GAL. Todos sabíamos lo que había pasado. Todos sabíamos que Felipe sabía. Cuando, siendo ya expresidente, tuvo que comparecer ante el Supremo, donde se juzgaba el secuestro de Segundo Marey, ese día se prohibió todo tipo de prensa gráfica ante el tribunal. Nada de imágenes. Lo cual no impidió a un fotógrafo de "El Mundo" meter una cámara oculta, e inmortalizar a Felipe cuando, vete tú a saber por qué, interrumpieron la vista justo en mitad de su declaración. Y él se quedó allí solo, como un furioso león enjaulado.

Esa misma noche se conoció la existencia de esa tremenda foto y que "El Mundo" (dirigido entonces por Pedrojota) la publicaría al día siguiente. Yo me enteré cenando con otros periodistas, la mayoría prosocialistas. Tanto y tan acríticamente que, en lugar de alegrarse de la victoria, así fuese en fuera de juego, del cuarto poder, se indignaron por la humillación de "su" intocable.

Cómo hemos cambiado, ¿eh? Los mismos que aquel día se rasgaban las vestiduras porque la prensa, a su modo de ver, imperdonablemente "de derechas" le hiciera un roto a Felipe González, hoy salen a dar palmas a las terminales mediáticas del sanchismo empeñado en matar al padre. No al suyo, sino al del socialismo contemporáneo de este país. Y resulta que somos los escépticos, hasta los críticos de entonces, los que tenemos que salir a defender su autoridad y su legado.

Felipe González tiene en común con el rey Juan Carlos que se le podrán poner pegas, muchas pegas, empezando por la grima que daba su endiosamiento en otros tiempos. Pero hay figuras históricas tan completas, tan formidables, que no hace falta ser monárquico ni socialista para considerar un disparate su cancelación.

Yo no nací con vocación monárquica. La fui desarrollando según veía cómo las gastaban muchos "republicanos" españoles y sobre todo catalanes de ahora. Y sobre todo a partir del discurso de Felipe VI el 3 de octubre de 2017. Pero incluso cuando la Corona me entusiasmaba menos de lo que me entusiasma hoy, siempre comprendí y respeté el papel jugado por Juan Carlos en la Transición a la Democracia.

Socialista no he sido nunca ni tengo previsto serlo. No me lo ponen fácil. Ni a mí ni a muchos buenos amigos míos que sí lo son, o lo eran, con la mejor buena fe, no por arrimarse al sol que más calienta. La mayoría de ellos muy decepcionados por no decir desesperados con la actual deriva del PSOE. Para no dejarme nada en el tintero, para hablar claro de una maldita vez: que el sanchismo me purgue a mí, que les debo parecer incorregible, de todos los medios de comunicación que puede, se entiende menos que purgue a periodistas prosocialistas hasta las cachas que conozco, solo porque lo eran y lo son de buena fe, a la antigua. Porque de verdad y de todo corazón creían que Felipe González era lo mejor que le había pasado a este país.

No creo que nadie quiera nunca a Pedro Sánchez más que a su lavadora. Él jamás inspirará eso. Sinceramente me cuesta creer que ningún socialista que no le deba el cargo ni el sueldo a Sánchez se trague que Felipe González se ha vuelto loco o de "ultraderecha". Como tampoco era ni es el caso de Alfonso Guerra, Fernando Savater, Joaquín Leguina, Nicolás Redondo Terreros, Javier Lambán… Pensar que yo de pequeña envidiaba a los socialistas. Por estar tan seguros, tan felices de serlo. Quién me iba a decir que llegarían a inspirarme tanta compasión.

Temas

En España

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj