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José García Domínguez

¿Se puede trabajar enmascarado?

Toda inmigrante tiene que estar obligada por ley a no interponer obstáculos que lleven asociada la exclusión del mercado laboral. Aquí se viene a trabajar. Y enmascarado no se trabaja.

Europa Press

Como ahora ya ando medio jubilado, he cogido el vicio de perder más tiempo del que debiera haraganeando en Twitter. Y ahí se me ocurrió confesar, por más señas ayer, que llevo 65 años residiendo en España, pese a lo cual todavía no me he cruzado nunca por la calle con alguien que llevase un burka puesto. Voy a ahorrarle al lector el exhaustivo inventario de insultos con que fue premiado el comentario, más que nada porque sé bien que no le costará imaginarlos.

Pero, al margen de la perplejidad ante tanta ira anónima, lo que me quedó claro al leerlos es que mis interlocutores no sabían qué es un burka ni en qué se distingue de otras prendas habituales entre las mujeres que profesan el Islam más extremo y rigorista. A mis odiadores en Twitter les ocurre como a Patxi López, otro ignorante que también desconoce que esa "expresión de libertad", la máscara integral con rejillas en los ojos, resulta ser una prenda femenina usada única y exclusivamente por las tribus de Afganistán, que ocasionalmente cruzan la frontera de Pakistán. Así, a efectos prácticos, burka y Afganistán son sinónimos. He ahí la razonable explicación estadística de que yo todavía no me haya topado por la calle con una señora afgana.

Porque eso del burka no es más que una tontería irrelevante. Lo que no remite a ninguna tontería testimonial, sin embargo, es la evidencia contrastada de que muchísimas mujeres musulmanas instaladas de forma permanente en España se trasladen a vivir en nuestro país con la voluntad expresa de no incorporarse nunca al mercado laboral. En España, que es un país en extremo tolerante y liberal, la gente se viste - o se desviste- como le da la gana, y sin mayor problema; como debe ser. Pero la cuestión es otra, a saber: que con trapos o sin trapos para ocultar sus encantos a las miradas de machos ajenos, toda inmigrante tiene que estar obligada por ley a no interponer obstáculos que lleven asociada la exclusión del mercado laboral. Aquí se viene a trabajar. Y enmascarado no se trabaja.

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