Redención por anticipación
Hace 45 años, Juan Carlos I soltó una frase para defender la democracia sin saber que, décadas después, le serviría para defenderse a sí mismo de una cadena de errores que ni siquiera había cometido todavía.
No sé si se habrán escrito grandes libros sobre esta idea. Seguro que sí. Pero desde luego se han rodado grandes escenas alrededor de ella. La idea es que realizar un acto bondadoso siempre paga bien, lo que pasa es que nunca sabes cuándo. Es lo que hace que cada vez que tengo un gesto altruista y desinteresado, uno de esos gestos invisibles que no están pensados para cambiar el mundo, yo qué sé, cederle el asiento a una embarazada en el autobús, termine imaginando la manera en que, veinte años después, su hijo todavía no nacido aparecerá para rescatarme en mi peor momento como forma de compensación.
Claro que uno nunca escoge la manera en que se manifiestan estos pagos tardíos. A George Bailey un ángel le impidió suicidarse el día de Nochebuena. Eso está bien. A Ted Mosby, el chaval al que defendió del bullying en el instituto, adoptó su nombre para inmortalizarlo una vez que alcanzase el Olimpo de su profesión, que no era otra que la de actor porno. Por eso, quizá debiéramos matizar: la bondad siempre paga de vuelta, lo que no sabemos es cómo.
Leyendo en diferido al rey emérito, que, en lo más candente del 23-F, descolgó el teléfono y le soltó a Milans del Bosch: "Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil"; se añade una capa más al hilo de la idea anterior. Y lo hace porque entre esa frase y su posible compensación —todavía no sabemos cómo será, si podrá volver definitivamente a España; ni cuándo— está el pecado que hace necesaria a esta última. Es decir, hablamos de algo así como una redención por anticipación.
Hace 45 años, Juan Carlos I soltó una frase para defender la democracia española sin saber que, décadas después, le serviría para defenderse a sí mismo de una cadena de errores que ni siquiera había cometido todavía. Es un giro de guion interesantísimo. Juan Carlos I es la prueba de que hay salvaciones escritas antes que las condenas. Por detalles así en la historia se ha producido más de un cisma y alguna que otra guerra de religión.
Yo había dicho que, en general, el mal suele ser más rentable que el bien. Lo decía porque tendía a pensar que lo más determinante en el legado de cualquier persona se decide, sobre todo, en su última acción. Y, por lo que sea, me parecía preferible redimir toda una vida con un sacrificio postrero que condenarse, al final del todo, en un segundo de debilidad. Mi error estaba en pensar que lo que haces en presente te define más que lo que hiciste en pasado. En última instancia, si algo ha demostrado el rey emérito es que no importa tanto la secuencia temporal de lo que hagas como la que marca los motivos por los que se te recordará.
Lo más popular
-
Rebelión en Europa: Italia pide suspender el mercado de emisiones de carbono -
Vídeo: Federico Jiménez Losantos responde a Sánchez: "Soy más resistente que tú" -
La Audiencia Nacional suspende la declaración de Aldama sobre los cupos de PDVSA -
Confirman la vinculación a la trama de mascarillas del directivo que encubría 785 enchufes en ADIF -
¿Cómo quedan los caseros tras la caída del decreto antidesahucios de Sánchez? Entre la "alegría" y el miedo al "engaño"
Ver los comentarios Ocultar los comentarios