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La caída de los ayatolás es un imperativo para la paz en Oriente Medio

Los crímenes contra la humanidad perpetrados contra su propio pueblo, las amenazas a Israel y el riesgo de una escalada nuclear de consecuencias fatales para el resto del mundo justifican sobradamente esta intervención

La operación militar contra el régimen iraní ha debilitado de una forma tal vez definitiva a la teocracia islamista, convertida desde hace décadas en el principal factor de desestabilización de Oriente Medio. El golpe asestado por la fuerza israelí, apoyada militarmente por EEUU, ha acabado con la vida del líder supremo, Alí Jamenei, y ha castigado duramente a la temible Guardia Revolucionaria Iraní, el cuerpo de élite destinado a patrocinar las acciones terroristas en el exterior y a reprimir de manera sanguinaria cualquier protesta interna, como se puso tristemente de manifiesto en las manifestaciones populares a comienzos de este mismo año.

El descabezamiento de la Guardia Revolucionaria y la destrucción de sus arsenales tiene fuertes implicaciones en la seguridad de la zona, gravemente comprometida durante décadas por la financiación y el apoyo militar que ha brindado a organizaciones terroristas como Hamás en Gaza, Hezbolá en el Líbano y los huties en Yemen, tres grupos sanguinarios que, a partir de ahora, van a ver reducida a la mínima expresión su capacidad para perpetrar atentados.

La acción militar conjunta de EEUU e Israel es coherente con la necesidad de acabar con una amenaza no solo para el Estado judío, que el régimen teocrático chií pretendía destruir a toda costa, sino también para los países occidentales, víctimas potenciales del programa nuclear iraní, que Teherán mantiene activo en contra del mandato y los sucesivos ultimátum de las organizaciones internacionales.

Los crímenes contra la humanidad perpetrados contra su propio pueblo, las amenazas a Israel y el riesgo de una escalada nuclear de consecuencias fatales para el resto del mundo justifican sobradamente esta intervención en suelo iraní, aunque la izquierda occidental se rasgue las vestiduras con la hipocresía que le es consustancial.

Trump ha anunciado conversaciones con la dictadura persa, solicitadas por sus dirigentes tras el pánico de ver descabezado el régimen y fuertemente dañados sus recursos militares. Es difícil saber lo que pueda salir de esas negociaciones y si el pueblo iraní va a recuperar la libertad secuestrada por un Estado terrorista, pero lo que resulta evidente es que se abre una nueva etapa en que la paz para Oriente Medio ya no resulta un objetivo impensable, como lo era ahora.

Israel ya ha dado los primeros pasos para la paz con los Acuerdos de Abraham y sus tratados bilaterales con las principales potencias suníes. La eliminación de la teocracia terrorista chií es, sin duda, el factor definitivo para alcanzar una paz duradera en la región, comprometida por la colaboración de los ayatolás con los grupos terroristas que operan en la zona y su capacidad creciente para producir y utilizar armamento nuclear.

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