
Gracias a Sánchez y su cruzada por la dignidad, España cuenta con el apoyo de Hamás, Cuba, Irán y Susan Sarandon, nuestros socios de referencia para afrontar con éxito los tiempos convulsos que atraviesa el planeta en estos momentos.
El odio a Israel y a EEUU, otra seña de identidad del sanchismo, nos convierte en los mayores apestados de Europa, con graves consecuencias futuras para nuestras relaciones con Marruecos, que no va a dejar pasar la oportunidad para reclamar la parte de España que considera de su propiedad. Esta vez con el apoyo de Washington, con todo lo que eso lleva consigo. Lo más ofensivo es que este giro en la política exterior lo ha decidido por su cuenta Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el yerno de Sabiniano, sin contar con el principal partido de la oposición ni la aprobación del Congreso de los Diputados, como sería lo lógico tratándose de una importante cuestión de Estado.
Los acontecimientos atropellan a la izquierda y Sánchez bracea en el lodazal tirando de sentimentalismo, una postura ridícula que convierte a España en un socio prescindible, porque sus cuadros dirigentes son una banda de fanáticos de los que nadie se puede fiar. La negativa a que Washington utilice las bases españolas en su despliegue militar en Irán es algo que pagaremos todos los españoles, porque en EEUU apuntan muy bien las afrentas para cobrarlas cuando más daño le hagan al deudor.
Zapatero se quedó sentado cuando pasaba la bandera estadounidense en el desfile del Día de la Hispanidad y Sánchez redobla la apuesta con su decisión sobre las bases americanas. ZP indicó el camino y su discípulo lo está recorriendo a grandes zancadas, mientras la oposición sigue tratando de perjudicarse a sí misma en su guerra particular, con la mirada puesta en las elecciones del año próximo, que parece ser lo único que realmente le importa.
A Donald Trump y a Netanyahu, con toda razón, les importa muy poco lo que le ocurra a los españoles. Es la misma posición que muchos mantenemos respecto a Cataluña y su hundimiento acelerado. En ambos casos se trata de disfrutar de lo votado y aprender la lección, si es que alguien quiere hacerlo. Al que no le da igual es al sultán de Marruecos, que está asistiendo a la degradación de la posición internacional de España, con todo lo que eso lleva consigo de cara a sus reivindicaciones sobre el Sáhara, Ceuta, Melilla y, por supuesto, las Islas Canarias.
Pero, a la banda de Sánchez, todo esto le da igual. Cuando las hostilidades se desaten y España se encuentre aislada y sin posibilidad de defender su integridad territorial, los responsables de este desastre estarán disfrutando de la primavera perpetua de la República Dominicana. Solo cabe esperar que alguno de ellos acabe más cerca y a la sombra, una eventualidad que ninguno de los protagonistas debería descartar.
