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Un fariseo en Doñana

Pizzaballa es un cardenal de la escuela del obispo Setién (que en paz descanse).

Pizzaballa es un cardenal de la escuela del obispo Setién (que en paz descanse).
El Cardenal Pierbattista Pizzaballa, el Patriarca Latino de Jerusalén en el Domingo de Ramos | EFE

Tenga usted asesores a tutiplén para que desaparezcan cuando más los necesita. Hay consternación en el Gabinete del presidente. Se preguntan qué ha podido suceder. Estuvieron al quite para criticar a Netanyahu por lo del Patriarca de Jerusalén, pero se les pasó la oportunidad de meterle el dedo en el ojo también por el cierre de la mezquita de Al-Aqsa. Y no será por desconocimiento. El 2 de marzo informó el New York Times y días después lo replicó The Guardian. Por otra parte, los analistas del 'pedrosismo' andan confundidos. Hasta le han preguntado a Jordi Sevilla. No aciertan a explicar por qué Pedro Sánchez, al que el rito y la liturgia católica le provocan el mismo repeluzno que a la pobre Regan, condenó el "ataque injustificado a la libertad religiosa" y tildó poco menos que de comecuras a Netanyahu, por "impedir a los católicos celebrar el Domingo de Ramos sin razones ni motivos". Razones haberlas las había, pero eso da lo mismo. ¿Defiende Sánchez a los católicos y se olvida de los musulmanes? ¿Será un guiño electoral a las cofradías andaluzas? ¿O solo busca unos titulares que nadie recordará mañana? Sea como fuere, su Sanchidad cogió el Falcón y marchó de relax a Doñana.

Les pongo en antecedentes. Restos de un misil cayeron -el 28 de febrero- sobre el tejado del Patriarcado Ortodoxo Griego, cerca de la Iglesia del Santo Sepulcro, y el 20 de marzo, otro misil impactó en las proximidades de la Explanada de las Mezquitas. Era la tercera vez que la Ciudad Vieja de Jerusalén sufría ataques lanzados por los ayatolas. Tan atentos ellos con la libertad religiosa, especialmente la de cristianos y judíos. Desde que comenzó la guerra contra el régimen teocrático iraní, el Comando del Frente Interno estableció directrices para todo Israel que limitaban el número de asistentes a concentraciones y se obligaba a que permanecieran cerca de los refugios antiaéreos. No fue una decisión contra la libertad religiosa sino por la seguridad de los ciudadanos. Se limitó o prohibió el acceso a los lugares sagrados de Jerusalén, tanto para judíos como para cristianos y musulmanes. Las mezquitas, iglesias y sinagogas más pequeñas permanecían abiertas a grupos de hasta 50 personas, siempre que estuviesen ubicadas cerca de un refugio o un espacio seguro. La bendición sacerdotal (Birkat Kohanim) de la Pascua judía, que congrega a miles de fieles en el Muro de las Lamentaciones y que este año coincide con el Domingo de Resurrección, se celebrará con un "quórum de oración" muy restringido, según un comunicado conjunto de la Fundación del Patrimonio del Muro de las Lamentaciones, la Policía de Israel y la Municipalidad de Jerusalén. Son limitaciones de acuerdo con las normas de seguridad vigentes en tiempos de guerra, similares a las restricciones impuestas durante la pandemia del coronavirus, informaba Associated Press.

El Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, decidió personarse el Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro a sabiendas de que estaba cerrada desde el 28 de febrero. Pizzaballa es un cardenal de la escuela del obispo Setién (que en paz descanse). Al igual que el que fuera titular de las diócesis de San Sebastián, el Patriarca de Jerusalén es equidistante con los terroristas y sus víctimas. Y aunque en apariencia condenan la violencia, lo hacen de tal modo que, relegando al que ha padecido el terror sectario, sitúan en el escenario de un supuesto conflicto, con similar legitimidad y causa, a la organización terrorista (se trate de ETA o Hamás) y al Estado democrático (sea España o Israel). Aduciendo que hay motivos que, si bien no justifican, si explican la violencia.

El cardenal Pizzaballa, transcurridos 17 días desde el ataque de Hamás, escribió un carta dirigida a su diócesis. "Mi consciencia y mi deber moral me obligan a declarar claramente que lo que ocurrió el 7 de octubre en el sur de Israel no es en modo alguno admisible y no podemos dejar de condenarlo. No hay razón para semejante atrocidad". Y continúa: "Sin embargo, la misma conciencia, con un gran peso en mi corazón, me lleva hoy a afirmar con la misma claridad que este nuevo ciclo de violencia ha provocado más de cinco mil muertes en Gaza, entre ellas muchas mujeres y niños". Muertes, mujeres y niños solo aparecen en la carta cuando se imputa una acción violenta de quien ha reaccionado -Israel- ante "lo que ocurrió el 7 de octubre". Este día parece no haber niños y mujeres asesinados. Establecida la equidistancia, se señala la causa, el culpable: "Sólo si se pone fin a decenios de ocupación y a sus trágicas consecuencias, y se da una perspectiva nacional clara y segura al pueblo palestino, se puede iniciar un proceso de paz serio". El cardenal también concedió una entrevista a los medios de comunicación vaticanos. Así titulaba Vatican News: "Hamás ha cometido atrocidades que no tienen justificación, pero matar de hambre a dos millones de personas no servirá de nada". Anticipa uno de los mensajes de la propaganda islamista: la hambruna. La opinión del cardenal Pierbattista Pizzaballa obedece a una convicción seguramente honesta. Pero lo sucedido el Domingo de Ramos en Jerusalén, contraviniendo las restricciones de las autorizades, parece un pellizco de monja para desairar al Gobierno de Israel.

Sentado a mi izquierda, en los bancos que están al final de la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Ávila, un orondo cofrade mira su móvil. Parece interesado en tractores y en chuletones. Se le acerca su hija, también cofrade, y le susurra: "Voy a por agua. Esto es un coñazo". Es Viernes Santo. José María García Somoza, vicario Episcopal para el Clero, está predicando el Sermón de las Siete Palabras. Es una prédica amena e interesante. Me pregunto si mi condición de agnóstico hace que le preste más atención. A fin de cuentas, el cofrade y su hija ya se lo saben... supongo. Llega a la Quinta palabra, "Tengo sed", y recuerda a Damián, el párroco de Mombeltrán. Tenía sed y le dieron a beber gasolina antes de despeñarlo en el Puerto del Pico. Es parte de esa memoria incivil que se pretende ocultar. Apunto una expresión del vicario: "la solana del calvario". ¿Cómo será el calvario de nuestros fariseos?

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