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Andalucía: medidas urgentes o nihilismo

¿Están los partidos políticos en Andalucía preparados para liderar el cambio político que exigen los ciudadanos?

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La nueva política en Andalucía exige tiempos diferentes a los de la vieja y ajada política de la Junta de Andalucía. Perdurarán en el poder los partidos ganadores, si consiguen ponerse al nivel del tiempo exigido por los ciudadanos. Esa es la única razón para la esperanza en Andalucía: los resultados electorales determinan la actuación de PP, C’s y Vox. La necesidad, que no la inteligencia de los partidos, dicta el cambio de Gobierno. Al fin, habrá alternancia. El PSOE dejará de gobernar y se abre una puerta para la regeneración de la vida política y la rehabilitación del Estado en Andalucía. La tarea es hercúlea, entre otros motivos, porque en poco tiempo tiene que destruirse y rehacerse lo que otros necesitaron casi cuarenta años. Pero así es la política. La vida. Se trata de crear una nueva administración, sí, porque la que se montó durante casi cuarenta años es inservible. Andalucía está en la cola de las regiones de España.

¿Serán capaces los partidos políticos ganadores de transformar las fuerzas de la Historia, la necesidad surgida de las elecciones, en potencias de los individuos? ¿Serán capaces las organizaciones políticas de transformar la posibilidad en realidad? ¿Están los partidos políticos en Andalucía preparados para liderar el cambio político que exigen los ciudadanos? Presento mis excusas por adelantado si alguien se siente ofendido por esas preguntas, pero creo que, a tenor de las declaraciones de los líderes políticos, que a veces rozan el ridículo, desde la misma noche electoral hasta hoy, y la parsimonia con que están tomándose los acuerdos para formar un nuevo gobierno, estamos legitimados para formular una sencilla pregunta: ¿lograrán satisfacer los políticos del PP, Cs y Vox los objetivos que propone la sociedad de Andalucía para ser tan libre e igual ante la ley como cualquier otra comunidad autónoma de España?

Es obvio que para responder con cierta garantía de éxito a esa cuestión es menester recordar cuál es el núcleo exacto de la exigencia del cambio. Si los políticos no se hacen cargo de la profunda envergadura que contienen los resultados electorales, a saber, que España, la nación española, deje de estar proscrita como término e idea en Andalucía, entonces fracasarán todas las expectativas. Si no se le da un sentido nacional, democrático, a Andalucía, los partidos políticos serán juzgados por la historia como traidores del espíritu democrático surgido el 2 de diciembre. Los ciudadanos han votado por España y contra la pretensión de socialistas, comunistas y separatistas por volver "al cantonalismo de los arévacos y de los vetones, o de los reyes de Taifas". Como he dicho en otro lugar, los resultados de las elecciones en Andalucía han sido la culminación de una renovación seria y rigurosa del viciado, desconcertado y pervertido sentido democrático del ser nacional por una ideología de carácter autoritario que ha identificado al PSOE con la Junta de Andalucía.

El 2 de diciembre la izquierda totalitaria y la derecha ridícula, acomplejada por no ser suficientemente cantonalista, han sido derrotadas por la nación española. El 2 de diciembre de 2018 fue la culminación de lo que comenzó en 2015, entonces los ciudadanos andaluces llevaron a la Junta de Andalucía a un partido de orígenes catalanes, Cs, porque defendía España. Ahí comenzó la verdadera transformación democrática de Andalucía. De España. Ha desaparecido, definitivamente, el miedo a la expresión: "Yo digo España". Los comunistas, los socialistas y los separatistas no son nada ante la fuerza de la historia de una gran nación. El 2 de diciembre ha elevado el vértigo de la democracia a canon de nuestro porvenir. Los ciudadanos de Andalucía, y por extensión los de toda España, quieren cambios y, sobre todo, que se hagan con rapidez. A partir de ahora, sí, la velocidad, el tiempo de los ciudadanos debería marcar la actuación de los políticos, pero, por desgracia, estos ya han dado signos de querencias reaccionarias, de triquiñuelas y pactos que miran más a los intereses de partido que a los de la región andaluza. Tantas y tan malas son las señales dadas que no puedo dejar de preguntarme: ¿conseguirán las fuerzas políticas ganadoras adaptarse a la velocidad del cambio que le exigen los ciudadanos?

Habría sido un signo de madurez política, democrática, que PP y Cs, con la anuencia de Vox, hubieran alcanzado un acuerdo político en 48 horas, pero aún tendremos que esperar no sé cuántas semanas para saber qué cosas han acordado. Por este lado, ya han perdido una batalla; no se han enterado de que el tiempo, sí, el tiempo en que se juega hoy la política, es más breve, mucho más breve y rápido que hace años. La gran transformación de la política es que los ciudadanos están cansados de retóricas, de discursos y engaños ideológicos. Exigen resultados. Ese es el gran cambio político de Andalucía. Esta región es vanguardia en España de lo que pasa en toda Europa. Las protestas de Francia por la subida del combustible, o sea, la protesta de un colectivo de consumidores, es otro ejemplo, todo un signo, para saber por dónde van los tiros de la política actual… También los resultados electorales de Andalucía reflejan ese espíritu: la gente quiere cambios y efectos rápidos, sencillamente, porque en política, como todo en la vida, siempre puede empeorarse lo anterior. Por eso, para que la sociedad andaluza no vuelva a caer en el nihilismo, en la resignación ante el mal, es menester que los partidos ganadores muestren de forma inminente gestos, símbolos y medidas que marquen una tendencia de ruptura con los males de Andalucía.

Es menester que, hoy mejor que mañana, se anuncien y se adopten medidas urgentes, para que los ciudadanos confíen en ellos. No crean estos nuevos políticos que esto va de esperar cuatro años para juzgar los cambios… Para nada, o se ponen las pilas y anuncian cuáles son las medidas urgentes o lo pagarán en las próximas elecciones. Sean valientes, elijan entre los mejores de Andalucía para que gestionen y monten una nueva administración, y sobre todo pregonen sus medidas, digan sin vacilar: cierre de la televisión autonómica para conservar mejor los quirófanos de los hospitales, desaparición del impuesto de sucesiones, libertad de educación y protección de la enseñanza concertada, un plan inmediato que comunique a la Andalucía oriental con la occidental, devolución de algunas competencias al Estado por incapacidad de la autonomía para gestionarlas y así otras cien medidas… O se adoptan medidas urgentes o pronto regresará el nihilismo.

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