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La imparcialidad de Pedro Sánchez

Las lógicas aritméticas, las sospechosas manías de reducir la vida política de un país a sumar y restar, están siendo arrasadas

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Sánchez y Rivera han creado un espíritu público para todos los españoles. Están ganando. Ahora no importa el resultado de ese espíritu común. Lo importante es haber creado una nueva concepción de la política en España. La política, pues, está ganando. Las negociaciones políticas entre el PSOE y Ciudadanos está consiguiendo algo inédito en la vida española: han llegado a un acuerdo y, además, no han excluido al partido que más votos ha sacado en las elecciones del 20-D, el PP, para que se incorpore al pacto. Lo decisivo es el nuevo escenario creado por el PSOE y Ciudadanos. Es digna, pues, de alabanza la situación de acuerdo, de pacto y de convivencia entre opciones políticas diferentes. El resto ahora es palabrería. El PSOE y Ciudadanos nos han mostrado a los espectadores, la otra parte clave de este teatro español, que la democracia es algo más que la suma de la mitad más uno. La democracia es algo más que un régimen político sometido a tratados de dogmática jurídica. La democracia es una forma de vida que distingue a los seres humanos, como quería Aristóteles, de las abejas y los animales que viven en rebaño o enjambre, porque son "animales políticos", es decir, ejercitan la palabra. Es lo más "espiritual" del hombre.

La política es el único camino para plantarle cara a la barbarie. A la fuerza bruta de la manada. Gracias a dos aristotélicos de nuestra época, Sánchez y Rivera, ha vuelto la política a España. Las lógicas aritméticas, las sospechosas manías de reducir la vida política de un país a sumar y restar, están siendo arrasadas por el empeño, a todas luces político, de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Estos personajes se han tomado muy en serio el libro I de la Política de Aristóteles. Los grupos políticos que lideran estos dos personajes han demostrando inteligencia, sensibilidad y sentido de Estado. Esto es más que teatro. Esto es gran política. Es posible un Gobierno para una Nación que el día 20-D dijo que ya no quería seguir sometida, maltratada y engañada por las perversidades del sistema bipartidista y la ayuda de los separatistas. A partir del 20-D, fecha fatídica para unos y, en todo caso, novedosa para todos, las reglas aritméticas, las rigurosidades normativistas, y, en fin, las lógicas de los grandes prejuicios políticos están quedando reducidas a lógicas fanáticas. Nada. El fanatismo político, el emperrarse en seguir defendiendo mi "particular" razón sin ponerse en la cabeza del otro, está siendo superado por el diálogo. La palabra.

La política, entendida como la construcción permanente de "espacios" materialmente de nadie y potencialmente de todos, para mejorar la vida de una nación a través del Estado, está ganando al empecinamiento de quienes están obstinados en que la política es suma y revolución, suma y reacción, suma y nada. Todo eso murió la noche del 20-D. Los únicos que, hasta el momento, se han percatado de los resultados electorales son Ciudadanos y el PSOE. Digo más: el partido de Rivera nació para enseñarnos a los españoles que era posible la política, otra política, para emanciparnos de los grilletes del dualismo izquierda/derecha a través de la defensa de una idea de Estado democrático dentro de una nación, y Sánchez lo ha aprendido con rapidez y eficacia. Sánchez, sí, trae la renovación a la política española. Ha maniatado a dos de sus principales rivales: Rajoy e Iglesias. El líder del PSOE escucha a todos, e incluso se pone en la cabeza de sus adversarios, para hacerse un cuadro lo más objetivo posible de la realidad. Es el político que más rápido aprende en España. Ha sabido captar el principal mensaje de Rivera y trata con la debida distancia a quienes quieren devorarlo. Ha aislado, quizá definitivamente, a Podemos.

Del trato de Sánchez con Rajoy solo puede decirse que va ganando, desde la noche que, en el debate electoral, dejó claro que estaba dispuesto a defender el honor de los políticos y ciudadanos españoles que no eran corruptos. Después, cuando Rajoy despreció presentarse a la investidura, que es la principal misión encomendada por el Jefe del Estado a un político, Pedro Sánchez asumió con rapidez, elegancia y humildad el encargo de Felipe VI. Nada más comenzar su tarea adoptó la esencia del discurso de Ciudadanos: todo por la estabilidad de la nación. Creo que es la hora de reconocer públicamente el buen hacer de Pedro Sánchez, otra cosa es que su trabajo consiga lo que millones de españoles temen: nuevas elecciones. No importa. Lo decisivo es que ha inaugurado, fundamentado, otro modo de hacer política para enfrentarse a los reduccionistas de la democracia, o mejor, a los fanáticos que son incapaces de ponerse en la cabeza del otro.

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