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Tomás de Mercado y la Casa de América

La literatura en manos de oportunistas y mercadólogos termina siendo similar a la producción de chorizos, uno tras otro. El coto cultural es tan impermeable que enfrentarlo es una ociosidad.

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Me paseo por una librería de lance del centro histórico de México. Busco un libro de Tomás de Mercado, un dominico español del XVI, que pasa por ser uno de los fundadores de la ciencia económica en general, y del justo precio en particular; según Schumpeter, las doctrinas de Mercado son la base del monetarismo contemporáneo. No hallo, después de mucho buscar y rebuscar, la famosa Suma de tratos y contratos de este ilustre sevillano que pasó casi toda su vida enseñando en México la diferencia entre vender y mercar. El librero que me ayuda en mi pesquisa sabe de lo que va el libro, pero termina preguntándome por el negocio ideológico de la Casa de América.

¿Qué decir de esta extraña institución "cultural" española con objetivos impreciso si salimos de los puramente ideológicos? Pues eso, que es un organismo socialista al servicio del poder y, sobre todo, funciona como fabrica de odio hacia la propia cultura hispanoamericana. Ejemplo de esa manipulación de nuestra cultura son los premios de Ensayo que otorga todos los años la Casa de América. El último es todo un escándalo intelectual. Yo no he leído el libro, pero me dice César Cansino, preciso politólogo y gran ensayista mexicano, que es francamente mejorable. Cansino está escribiendo una crítica sobre este caso del que les hago los siguientes adelantos: Volpi ha sido el ganador con un libro titulado: El insomnio de Bolívar. Cuatro consideraciones intempestivas sobre América Latina en el siglo XXI. Son tan "intempestivas" como reza su título, o sea –de acuerdo con la Real Academia de la Lengua– provisionales, tentativas, superficiales, o bien improcedentes, desacertadas, extemporáneas.

Se trata, dice Cansino, de un ensayo repleto de afirmaciones deshilvanadas, fragmentarias y reiterativas sobre esta parte del planeta llamada América Latina, ciertamente ocurrentes y graciosas, pero sin reflexión ni análisis, sin profundidad ni sustancia. Un libro, en suma, plano, enclenque, lleno de obviedades y lugares comunes; el libro de un escritor que maneja la pluma con oficio y que tiene el mérito de vestir bien sus opiniones y anécdotas personales, pero que a poco andar se revelan tan triviales como vacías; un libro escrito para ganar premios, o sea para vender, para entretener al gentío que se deja seducir por espejitos, por la mercadotecnia y el glamur de la fama, no para iluminar o enriquecer la comprensión de un tópico, mediante nuevas tesis o ideas capaces de dislocar lo que ya se sabe del mismo o que simplemente desafíen o desconcierten al intelecto; un libro, finalmente, escrito para ignorantes de América Latina, o sea para gente de otros países en otros continentes que desean conocer mejor, de una sentada, algo que en principio les resulta exótico e incomprensible, distante y folklórico, como es América Latina.

No cabe duda de que Volpi ganará muchas regalías, según César Cansino, por este libro, no importa que no aporte nada a la discusión y la comprensión de América Latina. Todo lo cual no hace sino confirmar las sospechas de que los concurso de Casa América están amañados. Sólo así se explica el premio de Volpi. Los ganadores de siempre son los jurados de siempre alimentando la influencia y el poder de los grupos intelectuales sectarios y cerrados de siempre. Así, por ejemplo, el propio Volpi fue jurado un año antes del mismo premio (Casa de América) que obtuvo un año después. ¿Insólito? No, lógico. Tan lógico como que entre todos los miembros del grupito de escritores al que Volpi pertenece (no más de seis), la así bautizada por ellos mismos "Generación del Crack", se han llevado más de 30 premios los últimos años, como si en México e Hispanoamérica no existiera más talento que el suyo.

Lo peor del caso, dice Cansino con pesimismo, es que el ascenso vertiginoso (y la creciente influencia) de este grupo de escritores en el mundo de las letras termina inundando el mercado de auténticas baratijas y frivolidades como muchas de las que ellos mismos producen, como el caso más reciente del ensayo de Ignacio Padilla, miembro fundador del clan del crack, intitulado La vida íntima de los encendedores (flamante Premio de Ensayo Málaga 2009), una auténtica tomadura de pelo, tan falsamente erudita como banal (y nada original, para quien conoce un poco de literatura europea de las últimas décadas), igual a las que nos tiene acostumbrados el propio Volpi de los últimos libros (como su infumable y muy cuestionado por plagio México. Lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su Patria.

En fin, concluye Cansino, la literatura en manos de oportunistas y mercadólogos termina siendo similar a la producción de chorizos, uno tras otro. El coto cultural es tan impermeable que enfrentarlo es una ociosidad. Se trata de una industria diseñada para fabricar oropel o, parafraseando a Gabriel Zaid, para "producir baratijas que nadie lee".

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