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Tres joyas de la cultura española

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Quiero darles razón de los tres últimos libros que he leído. Son magníficos. Extraordinarios. Son para releer. Uno es una meditación, es decir, una filosofía para llevar la existencia con dignidad. El segundo es una lectura tierna, cariñosa y auténtica para aquí y ahora de nuestro gran Baroja. Y el tercero es una irónica novela sobre la mortecina situación de la universidad española. No son libros gruesos y mazorrales. Son breves y llenos de poesía, vida y pasión por la verdad. Las tres obras son un poco de aire fresco para una cultura, como es la española, demasiado encorsetada por las academias de los lugares comunes y la pedantería.

El primero es de Beatriz Villacañas, extraordinaria poetisa, que no ha dejado jamás de pensar uno solo de sus versos. Se trata de un libro de escolios magistrales. Son pensamientos a la intemperie, o sea, al descubierto, al aire libre. Villacañas no quiere paraguas de nadie que no sean los que ella misma exhibe a través de sus palabras. Sus aforismos, pensamientos o meditaciones están compuestos por una trama de palabras que, lejos de marcarnos un método, un sistema o una teoría, nos liberan de las camisas de fuerza de cualquier "académica" sabiduría. Todos los escolios exhalan una filosofía en en su grado mínimo de abstracción. Ahí reside su grandeza y su verdad. Todos los escolios son puramente poéticos. Reales. Surgidos de un permanente diálogo entre la poesía y la filosofía, es decir, de la discusión amorosa a veces, y endiablada otras, entre la escritora y su conciencia, entre la poetisa y su entorno civil. La apertura del libro es brillante: "La dimensión exacta del amor está en su desmesura". Tampoco el final deja de ser verdadero por su inoportunidad para una época de cobardes: "El gran vacío lo superarán, como lo han superado siempre, quienes encuentran en sí mismos la perenne fuerza de la resistencia frente a su época, quienes saben con intuición certera que tienen espíritu, y un espíritu tan lleno de amor como implacable."

Iñaki Ezkerra ha escrito un personalísimo, o sea poético, libro sobre Baroja. La historia de la familia de Iñaki, sobre todo de esa abuela barojiana, que tanto nos recuerda a la nuestra, a la abuela de todos los educados en los cincuenta y sesenta, es el soporte de una narración deliciosa para desmontar mitos en torno al filósofo, al novelista, al escritor de la quietud más grande de España: don Pío Baroja. Sí, Iñaki Ezkerra ha alquitarado la esencia del autor de El árbol de la ciencia: "El de saber quedarse tranquilamente sentado y solo fue un hábito que Baroja elevó a la categoría de arte en su propia biografía, y cuyo secreto supo transmitir una y otra vez a lo largo de toda su obra."

La Novela ácida universitaria, que así se titula el libro, ha sido escrita por Francisco Sosa Wagner. Constituye un retablo humorístico inmejorable sobre la opaca selección del profesorado y el pésimo funcionamiento de una universidad que, dicho sea con pudor, contiene casi todos los defectos de nuestras peores tradiciones más los que ha añadido un Estado sin nación cultural y sin ningún proyecto científico digno de este nombre. Después de leer este libro, creo que si se cerrará el establecimiento universitario, el país seguiría funcionando sin ningún trauma. Lean este pasaje de Sosa Wagner y se harán cargo de mi impresión: "Todo es inquietud, un sopor de ansias y presagios, ante un cambio de rector. Y más cuando la fecha prevista se ha adelantado de manera inesperada. Son muchos los intereses construidos en su entorno, son muchas las pequeñas y grandes prebendas por él creadas que pueden derrumbarse, muchos los profesores que, de estar caciqueando en el Rectorado, pueden verse obligados a volver al laboratorio o a la tarima y a ser ignorados de nuevo. Se pierden complementos en el sueldo, conferencias bien retribuidas, direcciones de cursos de verano a los que nadie acude, viajes a la nada de reuniones inútiles pero magníficos para conocer mundo a costa del erario público, favores que se dispensan a amigos y cobistas y, sobre todo, putadas que se pueden disparar impunemente sobre los enemigos y quienes no votaron al rector: sobre quienes en algún momento se han atrevido a denunciar esto o aquello, en fin, sobre todos aquellos que no han formado parte de la camarilla agraciada por el poder."

Mucho en común tiene los tres libros citados, que leído de un tirón, son obras escritas por seres sin miedo. Son libros para vivir al raso o, como dicen sus títulos, a la intemperie. Al raso. Hermano tiempo (Pensamientos a la intemperie), de Beatriz Villacañas, Baroja y yo. La voz de la intemperie, de Iñaki Ezkerra, y Novela ácida de universitaria, de Sosa Wagner, son tres joyitas de la literatura española actual.

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