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Cataluña como preocupación

Habrá que superar el prejuicio inveterado de que para hablar o escribir sobre los asuntos catalanes hay que ser catalán.

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La expresión, tantas veces usada ahora, de "Cataluña y España" no tiene mucho sentido, pues, si bien se mira, Cataluña viene a ser algo así como España al cuadrado. Quiero decir que Cataluña no es solo una región más de España, sino que amplifica o exagera las características del pueblo español. No deja de ser curioso que el gentilicio español parezca dicho en lengua catalana. En la castellana no hay muchas palabras terminadas en –ol.

Habrá que superar el prejuicio inveterado de que para hablar o escribir sobre los asuntos catalanes hay que ser catalán. Está el hecho de que los catalanes de nación pueden encargarse de dirigir empresas, proyectos, museos, actividades culturales o medios informativos en Madrid o en cualquier otro lugar fuera de Cataluña. En cambio, a la inversa nos parece más raro: no se acepta fácilmente que los castellanos, por ejemplo, tengan la misma facilidad en Barcelona.

Peor es otra maligna costumbre, la de una actitud obsequiosa y aduladora respecto del catalanismo por parte del resto de los hispanos. Menos mal que los jueces no han caído en esa trampa y últimamente han puesto las peras al cuarto a los líderes catalanistas. Que ahora son abiertamente independentistas. Hombre, se agradece la sinceridad. Ya está bien de la vitola de moderados con la que han obtenido tantos favores del Estado. Que conste que el Estado no es lo mismo que España. Esa falsa equivalencia ha sido un éxito del catalanismo. Desgraciadamente se ha impuesto por todas partes, especialmente en el caso de los políticos de la izquierda en toda España.

El catalanismo ha intentado hacer ver que lo suyo es un proceso en el sentido de que no termina nunca. En efecto, así ha sido en el pasado. Desde Cánovas, los catalanistas han venido sonsacando del Estado todo tipo de privilegios, significativamente el arancel favorable a las fábricas de Cataluña. Lo nuevo es que han intentado revertir la imagen de la realidad al tratar de convencer a la población catalana de que "España nos roba". Es un caso extraordinario de retorcimiento de la opinión. Alguna vez se estudiará en los manuales de teoría de la comunicación.

El catalanismo ha gobernado en Cataluña, en solitario o en compañía de los socialistas locales, durante la última generación. Ha logrado imponer el idioma catalán como exclusivo en la enseñanza obligatoria y en la vida pública. Gran error. Los irlandeses no hicieron lo mismo con el gaélico y utilizaron el inglés como una formidable herramienta expansiva. El resultado paradójico es que, a pesar de esa política nacionalista de la lengua, el castellano lo puede hablar hoy la práctica totalidad de los catalanes. Es algo que nunca había ocurrido en la historia. Es un auténtico efecto bumerán.

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