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La apoteosis de la igualdad

¡Cuánto me congratula el hecho de que el nuevo Gobierno de España haya izado la bandera de la igualdad!

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¡Cuánto me congratula el hecho de que el nuevo Gobierno de España haya izado la bandera de la igualdad! Nada menos que la vicepresidenta del Gobierno se va a encargar de tal menester.

Imagino que, con la nueva política de la igualdad por encima de todo, se promocionará a las personas de más de 70 años a los puestos de diputados, senadores y altos cargos políticos. Su ausencia actual constituye una de las formas de desigualdad más lacerantes que existen en la organización de la vida pública española. Tanto es así que ni siquiera nos percatamos de esa discriminación. Sin ir más lejos, en la composición de la Conseja de Ministras y Ministros no hay ningún anciano. A pesar de lo cual, el presidente del Gobierno ha dicho que su equipo de ministras y ministros es "intergeneracional". Hay otras muchas realidades desiguales. Por ejemplo, se puede comprobar que las pensiones de los ministros y otros altos cargos, cuando se jubilan, superan con mucho las más altas que reciben todos los demás españoles. Sería un gran logro progresista para nuestro país que el monto (ahora dicen "montante") de las pensiones privilegiadas se acomodara a la norma estadística del resto de la población.

Otra manifestación de la desigualdad que ahora priva es que las vacaciones de los diputados y senadores supongan varios meses al año. No sería un desdoro que se ajustaran al uso general de un mes al año, como se estila para la mayor parte de los trabajadores.

El principio de igualdad se establece ante todo en materia fiscal. Por eso mismo resulta hiriente que los residentes en el País Vasco y en Navarra paguen menos impuestos sobre la renta que el resto de los españoles. Cavilo que en el próximo Consejo o Conseja de Ministras y Ministros se diseñará un plan para acabar con tamaña desigualdad.

No hay forma de saber cuántos coches oficiales hay en España. Ni siquiera llevan un distintivo que los acredite como tales. Es otra manifestación de irritante desigualdad. No solo se habilitan para las altas magistraturas de la nación, sino que gozan de tal sinecura miles de cargos públicos, incluso muy modestos. Se incluyen los dirigentes de los partidos que no están en los Gobiernos. No veo por qué los políticos tengan que disponer de un coche oficial, cuando casi todos ellos pueden conducir su coche particular o subirse a un transporte público.

Uno de los logros más espectaculares en la lucha por la igualdad ha sido acabar con la discriminación laboral por razón del sexo (ahora dicen "género"). Pero falta algún trecho por recorrer. Por ejemplo, en las nuevas hornadas de jueces, profesores, médicos y otras profesiones entran más mujeres que varones. Es una intolerable discriminación por el sexo. Sería bueno recobrar el principio de paridad que tanto han defendido los progresistas. Mal estaba la discriminación contra la mujer; lo mismo que la discriminación contra el varón. La vemos incluso en el nuevo Consejo o Conseja de Ministras y Ministros, donde hay más varones que mujeres.

Hay otras muchas formas de desigualdad de carácter simbólico. Por ejemplo, durante los últimos 40 años de democracia se han gastado cantidades ingentes de dinero público para homenajear a Federico García Lorca, fusilado por los franquistas. No estaría mal que, como compensación igualitaria, se dedicara alguna cantidad de los presupuestos públicos para homenajear a otros dos egregios escritores de la misma generación: Ramiro de Maeztu y Manuel Bueno. Ambos fueron fusilados por los republicanos. Sería una buena muestra de reconciliación nacional. Por lo mismo, todos los Gobiernos de la democracia han subsidiado generosamente las películas sobre la guerra civil y sus consecuencias. Ha sido otra forma de discriminación, por cuanto los buenos son casi siempre los republicanos. La igualdad sería, como compensación, que se subvencionaran películas en las que se enalteciera la causa franquista. Los dos bandos eran españoles; por eso fue una guerra civil. Hubo héroes y villanos en los dos lados.

Claro que lo anterior es mucho pedir cuando se acaba de impedir por la fuerza un homenaje a Cervantes en Barcelona sin que aparezca la policía. No deja ser irónico que Barcelona sea la única ciudad española que se muestra en la acción del Quijote, y además el autor la considera "archivo de la cortesía".

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