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Amando de Miguel

La Segunda Guerra de las Comunidades

¡Quién lo iba a decir! El famoso Estado de las Autonomías iba a terminar en distanciarnos cada vez más unos españoles de otros.

Amando de Miguel
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Nos encontramos en el "arranque" (como se dice ahora) de la II Guerra de las Comunidades en España. La actual es mucho más compleja e indeterminada que la primera, la que perdieron los castellanos rebeldes frente a Carlos I. La segunda la vamos a perder todos los españoles. Empezamos a sospechar que estábamos equivocados, que España no ha sido la primera nación de Europa en términos cronológicos. Puede que sea la última, precisamente por la soterrada guerra entre las comunidades autónomas, algunas de ellas. Ahora resulta que, para mayor confusión, algunos dicen que España es "una nación de naciones". Áteme usted esa mosca por el rabo.

Las mal llamadas "comunidades autónomas" (que no son ninguna de las dos cosas) miran con secreta envidia a Cataluña. ¿No podrían algunas de ellas independizarse? Lo cual significaría pagar menos impuestos, recibir más subvenciones, el reconocimiento de las respectivas singularidades, mandar siempre los de dentro. ¿Quién va a estar en contra de esas bicocas? Lo malo es que son falsas.

El primer objetivo de los secesionistas (incluso de los que lo son sin saberlo) es acabar con la identificación entre España y lo nacional. Por eso el Instituto Nacional de Meteorología es ahora la Agencia Estatal de Meteorología. Son cada vez los españoles que se refieren al "Estado" en lugar de decir "España". Comprendo que el Estado maneja más o menos la mitad de todo lo que producimos los españoles, pero la suplantación de España por el Estado me produce arcadas. En la misma línea se sitúa la idea de suprimir las corridas de toros. No es, como se dice, por cariño a los cornúpetas, sino porque la lidia es una "fiesta nacional". La sustituirán por aquelarres varios, como tomatinas y carnavales.

Desde luego, se acabó la celebración nacional del 12 de octubre o del patrón de Santiago. No hay sensación de fiesta nacional ni de himno o bandera nacional. Un paso más se da en la enseñanza. La historia de España, lejos de convertirse en historia de Europa, pasa a ser una olla podrida de historia de Cataluña, de Andalucía, de Navarra, etc. Parece mentira que una reducción de tal naturaleza se consiga en un momento en el que los españoles viajan más que nunca.

¡Quién lo iba a decir! El famoso Estado de las Autonomías iba a terminar en distanciarnos cada vez más unos españoles de otros. Doy una ilustración cercana. Yo he profesado en varias universidades españolas. Ahora no podría hacerlo. Un catedrático de una universidad ya no puede moverse de la plaza que le corresponde. No existe el traslado por concurso de méritos. En realidad ya no hay concurso de méritos de ningún tipo.

Comprendo que la analogía con la Guerra de las Comunidades puede resultar exagerada. Ahora nadie está dispuesto a dar la vida por los fueros locales. Pero vamos camino de ello. No otra cosa es la furia secesionista que se ha desatado en Cataluña. Si cunde, estamos perdidos. De momento, quienes más van a sufrir son los catalanes. El resto de los españoles nos quedamos a verlas venir.

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