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Amando de Miguel

Lecciones de una pandemia

Las pandemias son enfermedades contagiosas que irrumpen de manera súbita y afectan a una gran parte de la po

Amando de Miguel
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Las pandemias son enfermedades contagiosas que irrumpen de manera súbita y afectan a una gran parte de la población de la Tierra, al menos de la parte conocida en cada momento. Con un alcance menor, pero también masivo, se llaman ‘epidemias’. La más mortífera de la que se tiene cabal evidencia fue la peste de mediados del siglo XIV que asoló Europa. La más documentada y realmente global fue la epidemia de gripe de 1918, cuyo minúsculo agente no se logró observar con los microscopios de la época. Poco más de un siglo después nos despertamos con las noticias del fatídico coronavirus (que tendría que llamarse mejor virus corona en castellano). Es ahora perfectamente reconocible, aunque su modo de expansión siga siendo asaz misterioso.

La experiencia del virus corona y de otras enfermedades masivas nos lleva a concluir que se dan ciertos elementos repetitivos en las sociedades que se ven más afectadas. Convendría repasarlos, más que nada para que no nos pille por sorpresa el daño de la pandemia actual.

La primera reacción llamativa de las autoridades ante la posible amenaza de una pandemia es la de que "no va a alcanzar a nuestro país". Naturalmente, lo alcanza, lo que significa que se agrava el sobresalto de la población.

Aunque nos hallemos inmersos en la sociedad de la información, es evidente que a los contribuyentes les faltan muchos datos para estimar la verdadera significación de la actual pandemia del virus corona. Sabemos que, al igual que en la gripe de 1918, el mal ataca en muchos países a las personas de menos de 30 años; nadie sabe por qué. Cabe suponer que este tipo de ataques masivos por parte de los minúsculos virus siguen alguna secuencia cíclica en el tiempo. Se pueden deber, por ejemplo, a factores climáticos. Por tanto, la población con menos años cuenta con pocas defensas al no haber padecido las anteriores oleadas generacionales.

Otro rasgo común de la desinformación que reina sobre estos episodios de pandemias es que siempre se cree que el mal afecta especialmente a los otros, a los extranjeros, a poder ser de países lejanos. La pandemia de 1918 fue llamada "la gripe española". Fue la etiqueta que hicieron circular los países en la guerra europea. La censura obligaba a ocultar los daños de la enfermedad en cada país beligerante. La anécdota fue que el rey Alfonso XIII, de un país neutral como España, contrajo el mal y su caso fue noticia inmediata en todo el mundo. Pero lo más probable es que la gripe se expandiera con el masivo traslado de tropas (y mulos) a través del Atlántico. La censura fue tal que todavía mucho después, en las películas sobre la I Guerra Mundial, no hay referencias a la pesadumbre que significó la incidencia de la gripe en los dos bandos contendientes.

La ignorancia sobre la etiología y la extensión de la pandemia afecta al posible tratamiento. Los consejos de las autoridades sanitarias no pasan del sentido común. En 1918 se insistía en las mascarillas, el reposo, las cuarentenas, la toma de aspirinas. En seguida se vio que se trataba más bien de remedios de tipo placebo. Es decir, servían para dar un poco de tranquilidad a la población amedrentada. Ahora se repite la historia. En nuestro tiempo se conoce el procedimiento para producir vacunas, solo que el virus muta y en seguida se hacen ineficaces.

En diversas pandemias ha cundido la sospecha de que el mal procedía de China. Ahora es una realidad. Puede que en China hayan coincidido siempre un notable hacinamiento de la población y la extensión de muchas prácticas poco higiénicas en el cultivo y distribución de los productos agrarios. Ahora tropezamos con la deficiente información que proporciona el Estado totalitario de China. Todo el mundo sospecha que la incidencia de la epidemia en China ha sido mucho más grave de lo que han reconocido sus autoridades.

Más misteriosa es aún la asombrosa velocidad que adquiere la transmisión del virus de unos países a otros. Una teoría muy curiosa es que son las aves las que hacen de correos en tales casos. Más convincente es que sean las corrientes de viento las que propaguen el virus. Naturalmente, se trata de factores que no permiten el control humano.

Un efecto particularmente preocupante para España es que, de generalizarse la pandemia del virus corona, repercutiría de modo sensible sobre el turismo, nuestro principal rubro de exportaciones. Lo que nos faltaba.

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