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Explicar Cataluña al mundo

No hay una necesidad más urgente para debilitar y desenmascarar a sus enemigos internos que explicar al mundo el relato falso y supremacista del nacionalismo catalán.

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Según Pedro Sánchez, fue la corrupción generalizada del PP lo que provocó la moción de censura contra Rajoy. Consumada con éxito, lo lógico hubiera sido convocar elecciones generales inmediatamente. Sobre todo, porque el objetivo se había logrado con los votos de quienes están empecinados en acabar con España.

La ausencia de escrúpulos a la hora de lograr su objetivo dejó entre sus detractores la sospecha de que Pedro Sánchez era un oportunista ambicioso capaz de venderse a cualquiera y a cualquier precio. Incluso a costa de ceder ante los separatistas.

Sin embargo, cuando todas las alarmas se habían disparado, decide hacer un Gobierno monocolor que deja fuera de juego a Podemos, centra el discurso y aplaca mercados. Un regate colosal contra sus competidores electorales de la izquierda. Y a continuación se saca de la manga a Josep Borrell como ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del Reino de España. Una jugada maestra contra la propaganda separatista en el exterior y un zasca monumental interior contra el maniqueísmo de PP y Cs.

Nunca un nombramiento justifica un Gobierno. Y menos en este caso, donde hay calidad y preparación. Pero creo que en este caso sí. Lo intentaré argumentar.

Independientemente de las motivaciones y las conveniencias bastardas de Pedro Sánchez para impulsar y gestionar la moción de censura, no hay un problema mayor hoy en España que su propia existencia. Y no hay una necesidad más urgente para debilitar y desenmascarar a sus enemigos internos que explicar al mundo el relato falso y supremacista del nacionalismo catalán. ¿Quién mejor que un expresidente del Parlamento Europeo con prestigio y credibilidad, con experiencia y políglota, beligerante contra el nacionalismo, culto, socialista, catalán y gran comunicador?

Si alguien tiene alguna duda, que oiga la reacción del presidente de la Generalidad, Quim Torra, a su nombramiento:

Que Borrell sea ministro de Exteriores no es una mala noticia, es una pésima noticia.

Nadie mejor que él y los suyos sabe el alcance. Sobre todo, porque ellos mejor que nadie saben que su ficción nacional está fundada sobre falsedades y con periodistas dopados. Es el propio Josep Borrell quien ha declarado que ganar "la batalla de la comunicación" de la opinión pública internacional es imprescindible para ganar al nacionalismo. Vamos, lo que hasta ahora no se hacía por dejación o ineptitud del Gobierno de Rajoy.

Pero que nadie se confunda, la sombra del PSC, a través de Meritxell Batet, ministra de Política Territorial y Función Pública, federalista y partidaria del diálogo, nos recuerda que este equipo puede que se plante ante el separatismo, pero no ante sus daños colaterales en forma de cesiones y privilegios.

Volveremos a llorar en cuanto los fuegos artificiales de este Gobierno de colorines mediáticos diseñado para preparar la rehabilitación del PSOE ante las próximas elecciones generales dejen paso a los daños colaterales que el dichoso diálogo con el separatismo traerá.

Enumero: blindaje del modelo de escuela catalana, con la inmersión y la exclusión de los derechos lingüísticos de los niños hispanohablantes; negociaciones bilaterales Cataluña-Estado, cuya máxima expresión se acercará al cupo vasco; reivindicación de un CPJC propio para convertir los tribunales catalanes en la última instancia del Poder Judicial; recuperación de las embajadas extranjeras; pacto para que el Estado no vuelva a intervenir la economía del Gobierno de Cataluña ni se aplique el 155; compromiso de no intervenir jamás los Mozos de Escuadra ni TV3; indultos generalizados a los políticos presos… Completen ustedes mismos.

Ese es el drama, no la independencia que tanto ruido hace como tapadera. El drama de hoy, de ahora mismo, el que se sufre ya y nadie neutraliza.

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