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El tuppersex nacionalista

La lengua es la obsesión del nacionalismo, y se hubiera dicho que su único objeto erótico, de no haber denunciado el Ateneo Republicano que el BNG organiza en la Casa Museo Casares Quiroga actividades como el "tuppersex para mulleres".

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En Galicia, así reza la consigna del bigobierno, no hay conflicto lingüístico alguno, sino una falsa polémica fabricada por la derecha con fines electoralistas. Quien diga lo contrario está a sueldo de Moscú, que en este caso radica en la calle Génova. Y eso es todo. Todo lo que ha de saber un buen militante socialista para apartar la tentación de pensar, funesta manía, y poner en su sitio, o sea, en la caverna reaccionaria, a la creciente resistencia cívica a la coacción que ejerce la Xunta.

El negacionismo de la mesnada de Touriño se ve, sin embargo, desmentido a diario. Por la realidad de la imposición, que avanza velozmente de los ámbitos de la Administración a los privados (empresas y comercios), y por las ocurrencias de sus socios nacionalistas. Ha adquirido notoriedad la equiparación de la violencia contra las mujeres con el hecho de que hablen español que ha perpetrado una joint venture de la Universidad, el Ayuntamiento y la Diputación de La Coruña.

Lejos de reconocer la atrocidad, la concejala promotora se reafirmó acusando al "sistema" de condenar a las gallegas "que quieren ser bien tratadas por los poderes establecidos a cambiar de idioma, dejar de usar su lengua materna y educar a sus hijos e hijas en español en nombre del progreso social". Un perfecto reflejo invertido de la actuación del nacionalismo, poder establecido que obliga a los castellanohablantes a cambiar de idioma, a dejar de usar su lengua materna y a educar a los niños en gallego (normativo) en nombre de la nación irredenta.

Pero, ¿de qué extrañarse? La lengua es la obsesión del nacionalismo, y se hubiera dicho que su único objeto erótico, de no haber denunciado el Ateneo Republicano de Galicia que, desde el citado Ayuntamiento, el BNG organiza en la Casa Museo Casares Quiroga actividades como el "tuppersex para mulleres"; entre otras igualmente ajenas a la naturaleza del lugar dedicado a quien fuera ministro y jefe de Gobierno de la II República.

Pues bien, ha aparecido un nuevo juguete para solaz del nacionalismo galaico. Los gallegos van a disponer de un "documento de identidad" que se ha definido, a la vez, como propio y universal. El propósito declarado es dar a conocer por el mundo que en el noroeste de la Península reinan la igualdad y el bienestar. Lo nunca visto. La finalidad real es rivalizar con el DNI. La tarjeta sanitaria que el nacionalismo catalán emplea a tal efecto, será en Galicia, chúpate ésa, una "tarxeta social". Miserias del nacionanismo.

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