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Cristina Losada

Fluidos e incontinentes

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Hace una semana, Rodríguez Zapatero prometió que los niños de la España plural saldrán hablando fluidamente inglés de su paso por una enseñanza obligatoria en la que su gobierno implantaría el bilingüismo. Supongo que entre los mil cerebros que han asesorado al PSOE habrá expertos en esa ciencia. Y supongo que esos expertos habrán conseguido desvelar uno de los enigmas de nuestro sistema educativo público: que, sin ayuda exterior, nadie haya logrado salir de él hablando una lengua extranjera. Porque enseñar, se enseña alguna desde hace muchos años, incluidos los trece de gobiernos socialistas. Trece años dan para aprender varios idiomas, aunque también para lo contrario, como ha sido el caso. Hoy, la gran lacra del sistema es que se salga hablando y escribiendo tan mal el español. Pero esto no parece haber excitado la pasión reformadora del PSOE.
 
Lo que nos prometen los socialistas es que en idiomas extranjeros pasaremos de la nada actual, que por cierto les permite ganarse la vida a tantos profes y escuelas, a "manejar con fluidez la lengua inglesa". De momento, hasta ahí. El deseo de Zapatero es que "las jóvenes generaciones españolas sean, al menos, bilingües". ¡Al menos! La ambición no tiene límites. Las promesas electorales deberían de tenerlos. Lo que nos está diciendo el PSOE es que vamos a ir de la Tierra a Marte sin haber lanzado antes ni una miserable cápsula, y sin que nos cueste un maravedí. 
           
Yo sé muy poco de las técnicas de la enseñanza bilingüe, que es un asunto complejo que ha dado lugar a modelos diferentes en otros países. Si me atrevo a hablar de ello es porque la disfruté o sufrí, según se mire, en carne propia. Tras una enseñanza bilingüe alemán-español entre los 4 y los 14 años, puedo decir dos cosas. Una, que a mitad de camino, muchos compañeros tuvieron que cambiar de colegio. Dos, que tras diez años de bilingüismo yo no hablaba fluidamente el alemán y sólo lo hice cuando pasé tiempo en Alemania. Cierto que el alemán es más complicado que el inglés. Pero con el inglés me pasó algo parecido.
 
Aprender las bases de un idioma es una cosa y hablarlo de corrido, como Zapatero promete, otra. Se requiere mucha práctica, esfuerzo y constancia. La fluidez adquirida se pierde si eso falta. No digamos ya hablarlo correctamente. Uno puede hablar un inglés fluido, pero como el que ponían en boca de los indios en los westerns. Supongo que el PSOE no se refería a eso.
           
Si añadimos que el objetivo fluidez requiere no sólo profesores que hablen y enseñen bien el inglés, sino que también sean capaces de impartir otras materias en ese idioma –pues eso es la enseñanza bilingüe–, lo que exige un profesorado del que parece que andamos faltos, la promesa socialista se inscribe en la incontinencia electoral que padecemos. Y no entro en el capítulo de costes, que imagino que andarían por los que José García Domínguez, en la Revista de LD, calcula para la humorada de "un ordenador por cada dos alumnos".
           
No acaban ahí los engorros. Teniendo en cuenta que en muchas autonomías hay enseñanza bilingüe en la llamada "lengua propia", los chavales no van a tener tiempo ni para el bocadillo, sándwich o como se diga en cada idioma este tentempié. Por eso debe de proponer el PSOE que los colegios permanezcan abiertos tantas horas. Claro que la cosa se simplificaría si, como algunos desean, se prescinde del español. Así, en España acabaríamos hablando inglés para entendernos. Eso, si en los USA siguiera el auge del español, haría un bonito efecto paradójico.

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