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Los cordones de Sánchez

El PSOE, en asuntos trascendentales para la nación, no se comporta como un partido socialdemócrata al uso.

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EFE

El anuncio de Ciudadanos de que no pactará con el PSOE después del 28 de abril ha provocado en el partido afectado tanto enojo como satisfacción. De puertas afuera, miembros del Gobierno declaran que cómo se atreven los de Rivera a ponerle un cordón sanitario al Partido Socialista Obrero Español, con sus 140 (o 130, según Carmen Calvo) años de historia y de servicio a España. Siempre que pronuncian el nombre entero del partido salen a relucir los años de historia. Pena que no todos los dirigentes sepan cuántos son. De puertas adentro, sin embargo, las fuentes gubernamentales dicen estar encantadas con el veto de Ciudadanos: "Se ha pegado un tiro en cada pie". Su regocijo es tan grande, que duplican innecesariamente la expresión.

El motivo del contento es, al parecer, que el veto de Cs le viene como anillo al dedo (a los cinco dedos, dirían las fuentes socialistas) a la imagen de campaña que se proponen explotar. De un lado, el progresismo, la moderación, el centro y, en fin, todo lo bueno, o sea, el PSOE; del otro, juntos y revueltos en las tinieblas, las tres derechas, el trifachito, el Francostein y, en resumen, todo lo peor. La idea fuerza es que, con el cordón a los socialistas, Ciudadanos se ata a Vox. Pero hay otra formulación del asunto, aparentemente más suave, que resulta por eso mismo más falaz. Es la que dice que Rivera no quiere pactar con la socialdemocracia, pero en cambio le abre la puerta a la derecha autoritaria, la ultraderecha y demás calificativos que se aplican regularmente a Vox.

De todas las falacias que incluye la fórmula, interesa, por tamaño, la que va implícita en el recurso a la socialdemocracia. Porque el veto de Ciudadanos ni es un veto a la socialdemocracia ni tiene causa en el ideario socialdemócrata del PSOE. Si es que así podemos definirlo, que es cosa discutible teniendo en cuenta, además, la variedad de la socialdemocracia. En realidad, bien mirado, las razones para no pactar con los socialistas proceden justo de lo contrario: el PSOE, en asuntos trascendentales para la nación, no se comporta como un partido socialdemócrata al uso.

No es socialdemócrata porque, a fin de contentar a los separatistas, está dispuesto a conceder (más) privilegios a una comunidad rica, en detrimento de las menos ricas. No es socialdemócrata porque, con la misma finalidad, está dispuesto a agrandar las desigualdades entre ciudadanos españoles, en lugar de corregirlas. No es socialdemócrata porque mantiene, defiende y quiere blindar en Cataluña un sistema de inmersión lingüística en las escuelas que perjudica a los escolares de las familias con menos recursos. No es socialdemócrata porque se asocia de manera preferencial con aquellas fuerzas políticas que quieren destruir el Estado y la nación política. No lo es, porque ha asumido el relato del nacionalismo disgregador sobre España.

El veto de Cs es criticable, como cualquier otra decisión de esa clase. Pero los críticos no deberían parapetarse en la socialdemocracia para hacerlo. Tengan una mínima honradez intelectual y no aprovechen el barniz de respetabilidad que cubre a esa familia política, porque el veto nada tiene que ver con ella. Ya sería de una pulcritud intelectual extremada que evitaran la falsa dicotomía: o pactar con la socialdemocracia o pactar con la ultraderecha. Esas simplezas demagógicas, déjense para los spin doctors de los partidos. A Sánchez no se le pone un cordón por socialdemócrata, sino por la cuerda que le da al separatismo.

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