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Cristina Losada

Marta Flich, antifranquista

Como corresponde a la impostura, estos impostores son más antifranquistas de lo que fue nadie. Y, como también corresponde, lo harán porque se gana haciéndolo. Dinero, también.

Cristina Losada
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Cristina Losada - Marta Flich, antifranquista
Marta Flich. | HuffPost

Hace 24 horas yo no sabía de la existencia de Marta Flich. Mi culpa. Si uno está, de alguna manera, en los medios, hay que saber estas cosas o quedar en la muy libre pero pobre marginalidad. Y si uno quiere que le tomen en serio Adri Lastra o la propia Carmen Calvo, podrá ignorar quiénes eran Sánchez Montero y Julián Grimau, pero no puede desconocer a Flich, cuya defensa es hoy asunto de Estado para las mujeres poderosas de la izquierda –y del separatismo, ahí Rahola–, frente a las revelaciones que ha hecho sobre su vida personal el periódico de Eduardo Inda.

De todo este embrollo yo no hubiera sabido nada de no ser por el interés que me despertó un titular de los que aparecen sin haberlos invitado. Decía: "Marta Flich, antifranquista". Y yo, sin conocerla. Me extrañó. Por aquello de haber estado en el antifranquismo, recuerdo no pocos nombres de los que estuvieron. También de los que no llegaron a mucha fama ni entonces ni después. Pero esta Flich no me sonaba, e ingenuamente fui a comprobar. A ver si por la edad resulta que había sido antifranquista, aunque fuera en el mismísimo final, incluso en 1976, con Franco muerto, pero Arias Navarro con su espíritu.

Pues no. Flich, nombre artístico de Marta Martínez Nebot, que presenta un programa de televisión con Ricardo Mejide Roldán, más conocido por Risto Mejide, nació, según el dato disponible, en 1978. Con la Constitución. Darle el carné simbólico de antifranquista es excesivamente simbólico. Rozaría la estafa que ella misma fuera de antifranquista, que no lo sé. A lo mejor uno se hace antifranquista después de haber tenido una relación con un nieto de Franco, que esa es la terrible noticia que ha dado Inda sobre la señora Martínez Nebot. Más aún si ha tenido relación con toda la familia Franco. Pero vayamos a lo básico: antifranquista es aquel que participó en la oposición a la dictadura durante la dictadura. Incluir en la condición de antifranquista al que está contra la dictadura ahora, más de cuarenta años después de su final, es un timo y, en realidad, una usurpación.

Está pasando, sin embargo. Es todo un fenómeno. Cualquier día aparecen pruebas de que es una tendencia. Hace nada, buscando un dato sobre el escritor Javier Cercas, descubrí que en la Wikipedia se le describe como "un ferviente opositor a la dictadura de Francisco Franco", aunque no ofrece ningún dato de que lo fuera en vida del dictador, cosa que algunos, a la edad que él tenía entonces, sí fueron. Claro que en la misma entrada de la Wiki se le encuadra en el movimiento surrealista. No se puede pedir más...surrealismo.

El fenómeno ha ido por fases, y como el gota a gota: casi imperceptible. Hubo una larga fase de invención biográfica. El que no tenía otra cosa en su pedigrí, se inventó que había corrido delante de los grises. Fueron tantos los corredores, que era imposible entender por qué, hasta 1975-1976, hubo tan pocos antifranquistas en activo. La invención voló tan alto que hubo gente, alguna bien conocida, que según su propio testimonio celebró la muerte de Franco siendo un bebé. Pero la fase tenía, pese a todo, un límite. Podías celebrar la muerte de Franco mientras tus padres te cambiaban los pañales, vale. Podías correr delante de los grises siendo un niño de pantalón corto, vale. Pero, ¿y los nacidos después de? ¿No tenían ellos su pedacito de derecho a la lucha antifranquista? Claro que sí. Y no sólo. Tenían que ser más antifranquistas que los antifranquistas.

Es un fenómeno extraño, pero no inédito. Vuelvo a traer a Václav Havel de testigo. Porque allí, en la desaparecida Checoslovaquia, la caída de la dictadura comunista trajo consigo que gentes que "durante años habían callado (...) y habían tomado precauciones para no meterse en problemas, sintieran de repente la necesidad de compensar de algún modo su anterior humillación". Se hicieron fervientemente anticomunistas y pusieron en su punto de mira a los disidentes. Los nuevos anticomunistas fueron más anticomunistas que los que habían luchado contra el régimen comunista. Hay cosas que no se perdonan.

La fase siguiente está ya muy cerca, si no estamos en ella. Es la fase de sustitución. Al antifranquismo que hubo, al real, lo desplaza y lo reemplaza el antifranquismo impostor, el de los sobrevenidos. Ya son los impostores los que producen el relato canónico de lo que aquello fue. Nos lo van a decir las Flich y los Floch. Nos van a contar qué es hoy el antifranquismo, de lo que saben más que nadie, pero también qué fue. Nos van a contar cómo eran las detenciones y la DGS, y qué era la social. Ya lo cuentan. Como corresponde a la impostura, estos impostores son más antifranquistas de lo que fue nadie. Y, como también corresponde, lo harán porque se gana haciéndolo. Dinero, también. No pararán hasta que no quede rastro de la verdad y lleguen a la meta: la mentira final.

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