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Eduardo Goligorsky

Así gobiernan los cobardes

Si los cobardes quieren viajar al pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado.

Eduardo Goligorsky
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Si los cobardes quieren viajar al pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d) y la vicepresidenta primera, Carmen Calvo (i) a su llegada a la sesión de control al Gobierno en el Congreso. | EFE

Son un hatajo de fanfarrones que se presentan a sí mismos como los líderes de un movimiento que regenerará la sociedad española mediante una inyección de suero republicano. Pero son cobardes. ¿Alguien se imagina al chisgarabís Pablo Iglesias entrando clandestinamente en la España de Franco con instrucciones del Partido Comunista, como lo hacía Jorge Semprún? Cobardes, no se arriesgan a emplear las tácticas violentas de sus precursores revolucionarios, sino que operan cómodamente arrellanados en las poltronas de la Moncloa. Y actúan como si desde esta posición de privilegio conquistada con nocturnidad y alevosía, pudieran cancelar el parte del 1 de abril de 1939 que dejó una huella imborrable en la historia de España:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

La guerra terminó pero ahora los cobardes hurgan en sus cicatrices para sacar provecho de su contenido atrófico sin correr ningún riesgo.

La II República sepultada

Los cobardes usurparon el poder mediante un pacto de investidura concertado con los enemigos de su patria y lo utilizan para poner la historia patas arriba, sancionando leyes espurias con las que pretenden simular que es posible liberar y rearmar al Ejército Rojo para hacerlo marchar rumbo a la victoria. Y conseguir así que España se convierta, como si nada hubiera pasado, en un mosaico de republiquetas étnicas y totalitarias. Un delirio típico de mentes desquiciadas.

La guerra terminó como terminó porque se libró sobre un terreno despejado para sepultar la II República. Los mistificadores no lo contarán en los manuales con los que prometen lavar el cerebro de las nuevas generaciones. Pero las revelaciones de quienes padecieron la tragedia desenmascaran a los embaucadores. Revelaciones que recoge, por ejemplo, Andrés Trapiello en su magistral Las armas y las letras (Ediciones Destino). Precisamente uno de los testimonios más patéticos que cita Trapiello es el de Clara Campoamor, abnegada militante feminista y republicana que denunció las atrocidades de sus correligionarios y huyó de la zona que estos controlaban, exiliándose, en septiembre de 1936, para que no la asesinaran. Escribió Campoamor:

Si el porvenir trae la victoria triunfal de los ejércitos gubernamentales, ese triunfo no llevará a un régimen democrático, ya que los republicanos ya no cuentan en el grupo gubernamental. El triunfo de los gubernamentales será el de las masas proletarias, y al estar divididas esas masas, nuevas luchas decidirán si la hegemonía será para los socialistas, los comunistas o los anarcosindicalistas. Pero el resultado solo puede significar la dictadura del proletariado, en detrimento de la República democrática.

Lo que indigna y confirma la falta de escrúpulos del equipo sanchista-comunista, es que la vicepresidenta Carmen Calvo haya tenido la indecencia de apropiarse del nombre de la insobornable Clara Campoamor, mencionándola como fuente de las leyes de fraude histórico. Calvo jamás habría tenido ni tendrá el coraje de cantar verdades como lo hizo Campoamor. ¿Hablábamos de cobardes bien recompensados?

Inventario de actos de barbarie

Como buenos cobardes, los felones que nos desgobiernan apuntalan su campaña de tergiversación encarnizándose con quienes no pueden defenderse: la momia del sublevado Francisco Franco que ocupó el lugar que lo traidores a la República democrática habían dejado vacante, y una Fundación de nostálgicos que perseveran en el culto a esta momia. Pero no son ni la momia ni los nostálgicos quienes están desmembrando España. Y los cobardes capitulan ante los cainitas que sí lo están haciendo, y les prometen el indulto a las penas que la Justicia les impuso por sedición, malversación y desobediencia, ciñéndose al Código Penal.

No son la momia ni los nostálgicos quienes lanzan soflamas desde la vicepresidencia segunda del Gobierno y movilizan al rebaño para poner fin al prodigioso “régimen de la Transición”, que aseguró cuarenta años de convivencia pacífica y prosperidad bajo el amparo de la Constitución y la Monarquía parlamentaria. Ni son ellos quienes han urdido un entramado de grupos subversivos que se reparten las tareas de organizar golpes secesionistas regionales. Veamos cómo inoculan su veneno estos vándalos:

Saturan de ideología maniquea los medios de comunicación públicos y las redes sociales; expulsan de las escuelas la historia, la cultura y la lengua de España; confraternizan con los regímenes dictatoriales del resto del mundo; incendian neumáticos en las carreteras y las vías del tren; queman contenedores en las calles; arrancan baldosas de las aceras para arrojarlas junto con cohetes, botellas y otros objetos contundentes contra las fuerzas del orden nacionales y locales; toman por asalto aeropuertos; untan con excrementos las fachadas de los tribunales de justicia; agreden y escrachan a jueces, periodistas, políticos discrepantes y ciudadanos de a pie.

Y el inventario de los actos de barbarie perpetrados por los profetas del odio a España y sus encubridores cobardes no se agota aquí. Habría que hablar de la invasión consentida de okupas y de toda la gama de delincuentes, desde carteristas hasta narcotraficantes. Un pandemónium de dimensiones gigantescas del que obviamente no son responsables la momia y los nostálgicos sino los tránsfugas que se valen de ellos como de un pimpampum de feria para tapar sus depredaciones.

El túnel del tiempo

Los cobardes, que hinchan el pecho cuando tienen enfrente a un muerto y una Fundación de nostálgicos, se humillan sumisos cuando intercambian cuotas de poder con los descarriados recalcitrantes que componen esta marabunta voraz. Negocian servilmente con los acólitos de otra Fundación, que lleva el nombre de un psicópata racista -Sabino Arana- cuyos desvaríos obscenos superaban en irracionalidad a los del mismísimo Adolf Hitler, lo que ya es mucho decir. ¿Quién será el guapo que se atreverá a ilegalizar dicha Fundación y a borrar el nombre de este crápula del callejero barcelonés? Y el doctor Pedro Sánchez, exorcista de fantasmas arcaicos, se apresura a transmitir sus condolencias a los albaceas de los asesinos etarras cuando se suicida uno de sus sicarios. Qué asco.

Si los cobardes quieren viajar hacia el pasado por el túnel del tiempo acompañémoslos. Para demostrarles que el Ejército Rojo sigue cautivo y desarmado y no volverá a levantar la cabeza en territorios de la civilización occidental y de la OTAN para descuartizar y bolchevizar España como ellos anhelan.

PS: Peor que cobardes. Traidores emasculados cuando vetan la presencia del Rey en Barcelona para congraciarse con los enemigos de su patria. De nuestra patria. 

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