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Neandertalismo

Lo que se esconde detrás del neandertalismo es en esencia escasez, atraso, primitivismo y chamanismo, es decir, anticapitalismo.

El Club de los Viernes
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Anna Gabriel | EFE

En las últimas décadas hemos visto cómo pululan todo tipo de ideas que ven en el progreso y el bienestar de la humanidad una amenaza para el planeta. De ahí surgen postulados que proponen frenar el progreso, que defienden una especie de vuelta al soñado e idílico pasado de los cazadores recolectores, en una recreación contemporánea del mito rousseauniano del buen salvaje. De alguna manera, quieren dar marcha atrás, desandar el camino y someter la humanidad a la miseria, las enfermedades y el hambre. Se trata de un culto al primitivismo, una renuncia a los avances de la medicina; del rechazo de las vacunas y hasta de las compresas y los tampones. Circulan teorías de que uno de los primeros genocidios de la humanidad fue el que cometimos contra nuestros hermanos neandertales, esos homínidos con los que estamos emparentados y que sucumbieron por su falta de capacidad para innovar y, sobre todo, para comerciar. Mientras los sapiens descubrieron el potencial del comercio, el intercambio y la especialización (factores que permitieron incrementar la productividad y generar los excedentes que posibilitaron a los humanos escapar de la trampa de la economía de subsistencia), los neandertales desconocieron el extraordinario poder multiplicador del comercio y siguieron empleando la única alternativa posible al intercambio voluntario para obtener bienes y servicios del otro: la rapiña. Quizás fuera esa, y no otra, la causa por la que dicha especie acabó extinguiéndose. Hoy, como entonces ayer los neandertales, hay quienes propugnan que los sapiens renunciemos a aquello que nos hace precisamente humanos; que renunciemos al comercio y al progreso que lleva aparejado para volver a la caverna y dedicarnos a deambular por el campo alimentándonos de bayas silvestres y de raíces. Lo más curioso es que los neandertalistas se denominan progresistas, en lo que es toda una pirueta dialéctica.

Son esos neandertalistas los que se oponen al turismo, pero también a los conservantes alimentarios, los pesticidas, las vacunas, los transgénicos, y a cualquier avance de la humanidad, con lo que obstaculizan la extinción de epidemias y la utilización de nuevas tecnologías que podrían proporcionar alimentos seguros para erradicar el hambre en el mundo. Esta oposición al progreso humano se realiza sin ninguna base científica, con llamamientos espiritualistas de comunión con la madre naturaleza y bulos apocalípticos de todo tipo: relacionados con la ecología, con el cáncer e incluso con enfermedades inexistentes como la hipersensibilidad electromagnética.

Los neandertalistas propugnan la equiparación de derechos entre animales y humanos apoyados por todos los partidos de izquierdas, también el PSOE, que en 2006 tramitó una proposición no de ley en el Parlamento en dicho sentido. Parece que la izquierda, no contenta con imponer el igualitarismo a los sapiens, también pretende imponérselo a todos los grandes simios, aunque aún no ha aclarado si con el objeto de que los simios sean iguales a los humanos o los humanos a los simios. Los más radicales de estos neandertalistas, no contentos con la igualdad entre humanos y simios, crearon el Movimiento para la Extinción Humana Voluntaria, a fin de dar paso a un planeta libre de Homo sapiens, extinción que propugnan para el resto pero no para sí, pues de momento su fundador, Les U. Knight, sigue vivito y coleando y no ha dado el paso de acabar con su vida.

Estos neandertalistas incluso adoptan una estética, una imagen y unos comportamientos evocadoramente neandertales. Conocidos son Ana Gabriel y David Fernández (ambos diputados autonómicos de la CUP): una por olisquearse y masuñarse los sobacos y el otro por su lanzamiento de chancleta. Gestos ambos muy propios de chimpancés y orangutanes.

Pero no sólo la CUP abandera el neandertalismo en España, también se suman a ese carro los neocomunistas (Podemos) y los viejocomunistas (Izquierda Unida). Todos ellos se oponen a las redes wifi (Izquierda Unida en el Parlamento regional asturiano exigiendo la retirada de dichas redes de los colegios del Principado), a los robots, el fracking, el comercio internacional y a cualquier innovación –salvo el iphone–. Porque al final lo que se esconde detrás del neandertalismo es en esencia escasez, atraso, primitivismo y chamanismo, es decir, anticapitalismo.

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