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La guerra de los dosieres

Este es el PP que deja Rajoy, uno en el que todos sus potenciales líderes tienen de un modo u otro los pies de barro.

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S. S. de Santamaría, Pablo Casado y Mª Dolores de Cospedal | Cordon Press

Retirado Rajoy, empiezan las hostilidades por su sucesión. Sea cual sea el número de candidatos finales a la presidencia del PP, tan sólo hay dos verdaderas contrincantes, Soraya y Cospedal. La guerra que acaban de entablar será sin cuartel, sin hacer prisioneros cuando avancen y de tierra quemada cuando retrocedan. Es momento de recordar a Clausewitz:

Dado que el uso de la violencia física en todo su alcance no excluye en modo alguno la participación de la inteligencia, aquel que se sirve de esa violencia sin reparar en sangre tendrá que tener ventaja si el adversario no lo hace. Con eso marca la ley para el otro, y así ambos ascienden hasta el extremo sin que haya más barreras que la correlación de fuerzas inherente. Así (…) es una aspiración inútil, incluso falsa, dejar fuera de consideración la naturaleza de un elemento por repugnancia ante su crudeza.

Si Japón hubiera tenido la bomba atómica, habría respondido al bombardeo de Hiroshima y Nagasaki con su empleo sobre ciudades norteamericanas. Por eso ni la URSS ni los Estados Unidos la utilizaron el uno contra el otro, por temor a las represalias.

A estas alturas nadie duda de que Soraya Sáenz de Santamaría se ha despejado el terreno hacia la presidencia del PP, que según cree es tanto como despejársela hacia la presidencia del Gobierno, a base de dosieres contra quienes pudieran hacerle sombra cuando se abriera la sucesión. De manera que quienes se enfrentan ahora a ella pueden hacerlo por tener un pasado impoluto, a prueba de dosieres, o porque han sobrevivido a los ataques que ya han recibido y no tienen nada más que temer. Este último caso podría ser el de Pablo Casado, al que ya se ha intentado hacer un Cifuentes que sin embargo no está cerrado, pues todavía podría acabar investigado, tal y como parece pretender la juez que lleva el caso de su máster.

Dada la improbabilidad de que, tras la larga carrera política de Cospedal, no haya nada con que atacarla, mucho más si se añade el pasado de su marido, el que esté todavía viva políticamente puede deberse a una tercera explicación: que la secretaria general tenga de Soraya un dosier tan abultado como el que Soraya tiene de ella. Si fuera así, se explicaría que Sáenz de Santamaría, capaz de destruir a Cifuentes con dos bombas sucesivas y de neutralizar a Feijóo con la amenaza de hacerle algo parecido, no haya podido sin embargo hacer nada contra ella. Sólo puede haber sido por el temor a las represalias.

Así se entendería que Soraya no quiera, mientras tenga posibilidades de ganar, arriesgarse a que Cospedal le dispare con lo que guarde de ella. Pero ¿qué pasará si se ve derrotada? ¿Decidirá entonces que, si no puede ganar ella, tampoco gane la otra y le descerrajará todo el cargador? Sería entonces el momento de Pablo Casado, siempre que no padezca más puntos débiles que lo del máster y se archive. Si también él cayera, vaya usted a saber en manos de quién caerá el PP.

En cualquier caso, este es el PP que deja Rajoy, uno en el que todos sus potenciales líderes tienen de un modo u otro los pies de barro.

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